Cuestión de confianza

Cuestión de confianza

Una sociedad desconfiada, según mi hipótesis, será poco meritocrática.

06 de noviembre 2019 , 07:00 p.m.

Estuve en Finlandia, lugar perteneciente a ese puñado de naciones que parecen haber resuelto ya todos los problemas de la existencia. Encabeza los rankings de capital humano y estabilidad política, su PIB per cápita es de los más altos del mundo, y su nivel de pobreza y coeficiente de Gini son de los más bajos. Sus habitantes gozan de excelente transporte público; comen mucho pato, pescado y venado; el pasatiempo nacional es meterse en un sauna, y este año, por segunda vez consecutiva, fueron designados el pueblo más feliz de la Tierra por las Naciones Unidas.

Sin embargo, seguramente por ser latinoamericano, nada de lo anterior me impresionó tanto como una cualidad que entre nosotros resulta extraña, casi exótica: el alto nivel de confianza que se tienen las personas, la desprevención que existe, incluso, entre perfectos desconocidos. Es como si hubiera alguna vitamina en el bistec de venado que volviera a los nórdicos menos suspicaces, menos desconfiados, más tranquilos.

Esa vitamina, sobra decirlo, es inexistente en Colombia.

Me puse a investigar y descubrí que se puede medir el nivel de confianza de los países. A una muestra representativa de habitantes se les pregunta si están de acuerdo o no con la afirmación “se puede confiar en la mayoría de la gente”. Según los datos más recientes de cada país, la mayoría de los finlandeses, el 58 por ciento, dicen que sí. Los suecos son aun más confiados: 68 por ciento. Y 7 de cada 10 noruegos se fían del prójimo.

Eso arruina los esfuerzos por reducir la desigualdad a través de la educación, pues el estudio y el empeño serán insuficientes para garantizar la movilidad social de los más pobres

En el otro extremo de la lista están países como Ghana, Filipinas y Colombia. En 2009 alcanzamos la cima de nuestra confianza en la gente: 14 por ciento. Pero en 2014 caímos al tercer peor puesto del mundo: solo 4 de cada 100 colombianos dicen confiar en los demás.

Algunas investigaciones han planteado una relación causal entre la confianza interpersonal y el nivel de ingreso de los países, pero los expertos aún no se han puesto de acuerdo. Lo que sí creo que puede explicarse por el bajo nivel de confianza de la sociedad colombiana es la prevalencia de roscas en el sector público y, sobre todo, el privado. Como sabemos, en nuestras empresas es habitual que se nombre en cargos importantes a parientes de los directivos, a sus amigos o hijos de sus amigos, a sus yernos o nueras, etc.; a ‘gente conocida’, en otras palabras. A gente que sea fulano de tal.

A simple vista, ese comportamiento parece irracional, pues una empresa meritocrática debería ser más competitiva que una nepotista. Pero la aparente irracionalidad se disipa si tenemos en cuenta nuestros precarios niveles de confianza en la gente. Si la confianza es más importante para el buen funcionamiento de una organización que la formación académica o, incluso, la competencia para un cargo –como mi experiencia profesional me lo sugiere–, no tendría nada de ilógico que los directivos de las compañías prefieran malos conocidos que buenos por conocer. Lo que, a la larga, termina siendo un lastre para la economía, pues nuestras firmas estarán integradas por funcionarios menos competentes que las de sociedades en las que la contratación obedece más a los méritos de los candidatos que a sus conexiones sociales.

Una sociedad desconfiada, según mi hipótesis, será poco meritocrática. Y eso arruina los esfuerzos por reducir la desigualdad a través de la educación, pues el estudio y el empeño serán insuficientes para garantizar la movilidad social de los más pobres si lo que pesa son las conexiones. La implicación práctica de todo esto es que la búsqueda de maneras de mejorar la confianza interpersonal (para lo cual la eficiencia de la justicia es indispensable) puede ser una de las piezas faltantes en el rompecabezas de la equidad, así como un suplemento vitamínico necesario para el crecimiento económico.

@tways / tde@thierryw.net

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