Contra el malestar, exportar

Contra el malestar, exportar

“Exportar o morir”, decíamos el siglo pasado. Tiene que volver a ser una prioridad.

11 de diciembre 2019 , 07:00 p.m.

Uno de los protagonistas de esta temporada de manifestaciones fue el empresario marroquinero Mario Hernández, quien en videos publicados en Twitter y una entrevista radial reprendió a los políticos del país y ofreció algunas ideas para conjurar el inconformismo.

“Uno nace empeloto y se va empeloto –dijo–. Repartamos más con nuestra gente, hagámosla feliz”. Y puso de ejemplo el trato que él mismo les ofrece a los trabajadores de su organización, que tienen empleos formales, buenos salarios y auxilios para compra de vivienda, entre otras cosas.

Tiene razón don Mario: ojalá todas las empresas trataran a sus trabajadores del mismo modo que la suya. Que no es la única: conozco a otros empresarios colombianos cuyas políticas laborales son muy superiores a las del promedio, por encima de lo que exige la ley. Sus paquetes de beneficios incluyen ayudas para transporte, adquisición de vivienda o educación de los hijos, según el caso. Sus resultados financieros les permiten costearlo.

El gobierno pasado se dedicó exclusivamente al acuerdo con las Farc, y durante ocho años no se habló de productividad ni exportaciones; un rezago imperdonable

Por lo que he podido conocer de primera mano, hay un elemento común que agrupa a esas empresas laboralmente sobresalientes: todas exportan. No es coincidencia. Hay evidencia empírica que indica que, en los países emergentes, las empresas exportadoras son más productivas, contratan más personas y pagan mejores salarios que las que no exportan. El destino de las exportaciones importa: los países desarrollados demandan productos más sofisticados, lo que exige más calidad y valor agregado a los productores. Las firmas que quieren triunfar en esos mercados tienen que ser más competitivas, y eso requiere una mano de obra especializada y bien remunerada.

Mario Hernández ha demostrado ser un empresario de gran sensibilidad social, pero para que se produzcan efectos positivos en la calidad del empleo no hace falta tanto. Basta con que haya inteligencia gerencial. Un buen gerente sabe que un solo envío defectuoso puede poner en riesgo todo el gigantesco esfuerzo que hizo para llegar al mercado internacional. Un contenedor rechazado significa miles o millones de dólares en pérdidas directas, y más en pérdidas potenciales. La única manera de garantizar la calidad y homogeneidad de sus productos es con una fuerza laboral estable, motivada y calificada. Eso, por supuesto, cuesta, pero el gerente inteligente no lo piensa dos veces, pues sabe que de ello depende su permanencia en los mercados más atractivos.

El resultado es que esas firmas invierten una mayor proporción de sus ingresos en buenos sueldos y beneficios para sus trabajadores, con tal de retener a los mejores. No lo hacen solo porque quieren, sino porque les conviene. A la vez, tienen que ser más exigentes con sus proveedores del mercado local, buen número de los cuales son pymes. No exportan directamente, pero proveen productos y servicios a quienes sí lo hacen, bajo estándares más altos de excelencia, generando eslabonamientos virtuosos que aumentan la productividad y los salarios de toda la cadena.

El gobierno pasado se dedicó exclusivamente al acuerdo con las Farc, y durante ocho años no se habló de productividad ni exportaciones; un rezago imperdonable. En adelante, todos los gobiernos, y el país entero, deben obsesionarse con ambos temas. Contar con más empresas exportadoras de valor agregado, como la de Mario Hernández, es una de las formas concretas de mejorar la calidad de vida de los trabajadores. Parece que en medio del furor de las exigencias de ‘la calle’ lo estuviéramos olvidando. Pero hay que tomárselo en serio, pues si algo va a permitir satisfacer algún día las exigencias de la calle será el desarrollo agresivo del sector exportador. “Exportar o morir”, decíamos el siglo pasado. Tiene que volver a ser una prioridad, si es que alguna vez lo fue.

@tways / tde@thierryw.net

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