Constituyente: ‘cui bono?’

Constituyente: ‘cui bono?’

A lo mejor piensan que convocar la asamblea equivale a que se hagan realidad las reformas que desean

05 de junio 2019 , 07:00 p.m.

‘Ten cuidado con lo que deseas’, dice la sabiduría popular, ‘pues podría volverse realidad’. Recuerdo esa advertencia siempre que oigo a alguien, usualmente del lado derecho del espectro político, proponer una asamblea constituyente para reformar lo que anda mal en el país. Parece que ignoraran ese adagio y otros que hacen parte del refranero tradicional, como ‘salir el tiro por la culata’ o mi preferido del género cautelar, ‘nadie sabe para quién trabaja’.

Dicen los partidarios de una constituyente que el país anda por rumbos equivocados; eso es, en parte, cierto. Que la justicia anfibia que se diseñó en La Habana produce fallos intragables; tienen razón. Que la determinación del Presidente de conservar bajo llave el frasco de mermelada, a resguardo de manos necias, tiene lloroso al Legislativo; no se equivocan. Que eso, sumado a la fragmentación del Congreso, impide llevar a cabo las grandes reformas que el Gobierno quisiera; no me cabe duda.

Pero cuando de todo lo anterior concluyen que la mejor manera de destrabar el nudo es por medio de un órgano que, como el de 1991, reforme total o parcialmente la Constitución, me pregunto de qué manantial de optimismo están bebiendo estas personas. Me gustaría conocer su ubicación.

Con un electorado joven cada día más inclinado hacia la izquierda, ¿qué le hace pensar a la derecha que una asamblea constituyente quedará compuesta mayoritariamente por miembros afines a sus ideas?

No discuto que el país necesita reformas de fondo, y soy consciente de que el actual Congreso está malgastando su energía en producir no tanto luz, sino calor. Me inquieta, como a todos, la trabazón de fuerzas encontradas –ejecutivas, legislativas y judiciales– en que se ha convertido el juego de tronos nacional. Pero no se puede confundir comprar la boleta de la rifa con ganársela, confusión que parece aquejar a quienes sueñan con una constituyente. A lo mejor piensan que convocar la asamblea equivale a que se hagan realidad las reformas que desean, cualesquiera que ellas sean. Pero eso es poco probable.

Una vez cumplidos los requisitos de la convocatoria –debates en el Congreso, aprobación por la tercera parte del censo electoral, etc.–, habría que conformar el organismo, seleccionando democráticamente a sus integrantes. Serían esos asambleístas quienes finalmente debatirían las reformas bajo consideración. En un contexto de aguda polarización, y con un electorado joven cada día más inclinado hacia la izquierda, ¿qué le hace pensar a la derecha que una asamblea constituyente quedará compuesta mayoritariamente por miembros afines a sus ideas? Lo más seguro es que, firmadas las modificaciones a la carta magna, el dial ideológico de la nación quede apuntando más a la izquierda de lo que marca hoy. Ahora, la izquierda, por supuesto, no es monolítica, sino policroma, variopinta y tornasolada, pero podemos generalizar algunas cosas, como que suele abogar por una mayor interferencia del Estado en la economía de mercado. Esa hipertrofia estatal fomenta la corrupción, burocratiza la sociedad y, en opinión del suscrito, va en contra de la prosperidad del país. Y, en todo caso, es lo opuesto de lo que debería defender una derecha moderna.

Si pensamos, además, que el país está apendejado por las dificultades políticas del momento, imaginemos cómo estaría bajo el trance de una constituyente. No hay que esforzarse mucho, pues vivimos algo parecido en tiempos del plebiscito: parálisis de la inversión y deterioro del clima de negocios, perjuicios de los que aún no nos terminamos de recuperar. Una asamblea constituyente reviviría esa incertidumbre por meses o años, con pésimo pronóstico para la economía.

Es mejor, por tanto, resignarnos a los aburridos caminos de reforma disponibles bajo el ordenamiento vigente. Será frustrante y fastidioso, pero, como dice otro valioso refrán, ‘las cosas de palacio van despacio’. Y, sobre todo, ‘el palo no está para cucharas’.

@tways / tde@thierryw.net

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