¡No ‘santricheen’ el 007!

¡No ‘santricheen’ el 007!

Ojalá la JEP no ‘santrichee’ también el caso de los menores de edad abusados por las Farc.

29 de julio 2020 , 09:25 p.m.

Si una meta del acuerdo con las Farc era que los exguerrilleros participaran en política, y si por “participar en política” entendemos “comportarse como políticos”, entonces el acuerdo goza de un éxito tangible. Basta ver cómo ‘Timochenko’ y ‘Sandra Ramírez’ (alias de los excombatientes Rodrigo Londoño y Griselda Lobo) capotearon las entrevistas que les hicieron esta semana sobre los abusos a menores de edad en las filas de las Farc.

Se nota que Londoño y Lobo han aprendido a manejar como los mejores el arsenal retórico de la politiquería criolla. Respondieron evasivamente cuando se vieron arrinconados por alguna pregunta. Excusaron su silencio diciendo que no querían entorpecer el trabajo de la justicia. Ofrecieron respuestas que insultaban la inteligencia (los muchachos llegaban a la guerrilla “borrachos” o “enamorados” y se quedaban). Acusaron a sus enemigos de haber hecho lo mismo que ellos, para diluir la responsabilidad. Recitaron de memoria números de casos, leyes y expedientes, para desviar la conversación de lo sustancial a lo formal. Repitieron el mismo libreto en todas las entrevistas. Se apoyaron en el legalismo (“eso estaba prohibido por nuestros estatutos”) para sustentar la supuesta imposibilidad de los delitos que les imputan. Llamaron “errores” o “equivocaciones” a esos delitos, por atroces que fueran. Debatieron el significado de palabras comunes (“¿qué significa que a alguien lo ‘ingresaron a las malas’?”). Invocaron el pasado (“el bombardeo de Marquetalia”). Apelaron a las instituciones de rigor: la reserva del sumario, la legítima defensa, la presunción de inocencia, el debido proceso, los organismos internacionales. Y, finalmente, el golpe de gracia: responsabilizaron de todo a “la sociedad” (“la violencia de género en las Farc era proporcional a la de la sociedad colombiana”) y, cómo no, al Estado.

Nuestros noveles políticos están, como se dice, ‘bien asesorados’.

Si uno de los objetivos del acuerdo era convertir a las Farc a los modos de nuestra clase política, podría decirse que se está cumpliendo. Pero de conocer la verdad, no puede decirse
lo mismo.

Quien se sabe culpable de algo busca desviar la atención, eso es tan viejo como el Génesis. La primera maniobra evasiva de la historia fue la respuesta de Caín cuando Dios le preguntó por Abel: “No sé, ¿acaso soy el guardián de mi hermano?”. Pero no hablamos hoy de los delitos en los que suele incurrir nuestra clase dirigente: sobornos, prevaricatos, malversaciones, etc. Esas infracciones son peccata minuta al lado de los gravísimos crímenes que se le atribuyen a la exguerrilla, quizá los más graves que existen: el alistamiento forzado y abuso sexual de miles de niños y niñas, algunos de los cuales eran asesinados. Niños a los que les robaron la infancia para ponerla al servicio de una ideología de sangre.

Las cifras oficiales hablan, como dije, de miles de casos, pero a veces un solo testimonio es peor que todas las estadísticas. Uno como el de Lorena Murcia, reclutada a los 10 años por la guerrilla, quien, con inenarrable valentía, le describió a Vicky Dávila su propia violación, que se perpetró en público, frente a otros miembros de la tropa, que estaban “cagados de la risa, como si eso fuera cine”.

Un sinnúmero de testimonios –ensordecedores decibelios de evidencia– incriminan a integrantes de las Farc en comportamientos de este tipo. Los revisará la JEP dentro del ‘caso 007’ (también me aprendí los números). Pero la credibilidad de ese tribunal quedó maltrecha tras la fuga de alias Santrich, ingenuamente liberado a pesar de estar sindicado de narcotráfico. Ojalá la JEP no ‘santrichee’ también el caso de los menores de edad. Pues si uno de los objetivos del acuerdo era convertir a las Farc a los modos y las mañas de nuestra clase política, podría decirse que se está cumpliendo: quizá demasiado bien. Pero del objetivo central, que era el de conocer la verdad, no puede decirse lo mismo.

Thierry Ways
@tways / tde@thierryw.net

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