Un código menos bello

Un código menos bello

Llegará el día en que un gobierno quiera atacar la propiedad privada y el sistema vigente le ayudará

14 de octubre 2020 , 09:25 p. m.

El Código Civil regula aspectos cruciales de la vida de las personas, como los nacimientos, los matrimonios, las herencias, la posesión de bienes, la creación de sociedades y hasta “el fin de la existencia”. Acompaña al ciudadano desde la sala de partos hasta la sala de velación. Por eso, como dice una carta del Consejo Gremial Nacional (CGN) a la que me voy a referir, una reforma de ese documento “puede ser tan relevante como una reforma de la Constitución”.

Nuestro código actual es copia del que diseñó Andrés Bello para Chile a mediados del siglo XIX, considerado por muchos un texto impecable. Pero una que otra cosa ha cambiado desde entonces. Por eso, un grupo de juristas de la Universidad Nacional ha propuesto una actualización del código, que, además, lo unificaría con el Código de Comercio, que regula los asuntos mercantiles.

Tamaña reforma atrajo la atención del Consejo Gremial Nacional, que reúne a los sectores productivos del país. En carta pública, el CGN concluyó que la propuesta es “innecesaria e inconveniente”, y solicitó “desistir de la totalidad de la iniciativa” por el daño que podría causar.

La propuesta para reformar el actual código civil, por los laditos, alberga la potencialidad de que el Estado decida los usos ‘socialmente correctos’ de los bienes de
la ciudadanía.

Son nueve las objeciones del CGN. Mencionaré las dos que me parecen más delicadas. La primera tiene que ver con la estabilidad jurídica para hacer negocios. Explica el CGN que ciertos artículos del nuevo código formulan criterios abstractos e imprecisos como lo ‘justo’, lo ‘desproporcionado’ o el ‘interés general’. Esos términos seguramente codifican buenas intenciones, pero, en la práctica, invitan a ser constantemente interpretados por un juez para determinar, en cada caso, qué es lo ‘justo’ o cuál es el ‘interés general’. Difícilmente pueden emprenderse negocios o inversiones importantes si todo conflicto civil está sujeto a la discrecionalidad de los jueces y no a criterios concretos y previsibles.

Lo segundo que hay que mirar con lupa es el capítulo del nuevo código que se refiere a la propiedad privada. Según el artículo 270, la propiedad de un bien puede verse disputada si afecta el “derecho superior” de un tercero, algo que, de nuevo, se presta para todo tipo de discusiones sobre quién tiene derechos ‘más superiores’ a los de alguien más. Por otra parte, el artículo 268 está redactado de forma que sugiere que el Estado podría determinar el uso aceptable de los bienes privados, lo que, como señala el abogado Camilo Martínez Beltrán, es más propio de las economías planificadas –con sus consabidos fracasos– que de economías que se pretenden libres, como la nuestra.

Y otro detalle: un propietario que no explote un inmueble podría ser conminado a que lo explote ‘de forma adecuada’. En caso de no hacerlo, tras cinco o diez años (según la ubicación rural o urbana del bien), el predio pasaría a ser propiedad estatal.

En síntesis: el nuevo código, por los laditos, como quien no quiere la cosa, alberga la potencialidad de que el Estado decida los usos “socialmente correctos” de los bienes de la ciudadanía. Tal vez contemos con suerte y esas facultades nunca se apliquen en menoscabo de la economía de mercado. Hasta ahora, por ejemplo, nos hemos librado de elegir un gobierno que se pusiera creativo con el ambiguo artículo 58 de la Constitución, que habla de la “función social” de la propiedad privada.

Pero permitir que los artículos señalados formen parte del nuevo código civil puede causar que se nos agote esa suerte. Pues llegará el día en que un gobierno de camufladas inclinaciones socialistoides quiera atacar la propiedad privada, que es la base de toda prosperidad, tanto la pública como la privada. Y encontrará que no requiere grandes reformas para lograrlo. Ni promover un aventurado ‘cambio de sistema’. El sistema vigente le propocionará las herramientas necesarias.

Thierry Ways
@tways / tde@thierryw.net

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