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El año del repliegue

El año del repliegue

El frenazo fue inesperado y traumático. Sin embargo, la adversidad espoleó la creatividad humana.

En noviembre apareció un misterioso artefacto en el desierto de Utah. Unos biólogos que iban contando ovejas desde un helicóptero divisaron una columna metálica de tres metros de altura en el fondo de un cañón rocoso. No se sabe quién la puso allí ni para qué, lo que avivó todo tipo de especulaciones. La más fantasiosa es que se trataba de un monolito como los que salen en las películas de ciencia ficción 2001: Una odisea del espacio y su segunda parte, 2010: El año que hicimos contacto.

Eso último parece una broma cruel –una más– de este ciclo solar que culmina hoy, pues este no fue el año que hicimos contacto, sino todo lo contrario: el año que dejamos de hacerlo. No me refiero, como en el cine, al contacto con inteligencias extraterrestres, sino al contacto entre nosotros: con nuestros padres y hermanos, nuestros hijos y abuelos, nuestros colegas y amigos. A todos tuvimos que dejar de tocarlos para protegerles la vida, y la nuestra también. Si hubiera que hacer una película sobre el año de la peste, tendría que llamarse ‘2020: El año que no hicimos contacto’.

Este fue un año de repliegue, de retirada. Un año en que todo se contrajo y se recortó. Hubo menos paseos, menos amigos, menos fiestas. Menos caricias, menos besos. Menos empleo, menos proyectos, menos ingresos. Menos PIB. Fue el año en que la vida se redujo a sus (in)justas proporciones. En el que tuvimos que aislarnos en burbujas (anti)sociales interconectadas por frías redes informáticas.

Este fue un año en que todo se contrajo y se recortó. Hubo menos paseos, menos amigos, menos fiestas. Menos caricias, menos besos. Menos empleo, menos proyectos, menos ingresos. Menos PIB.

Fue el año de las narices chatas, apachurradas por la mascarilla sanitaria. El año de aprender a reconocer al prójimo por la mirada. El año que aprendimos que el hórrido verbo ‘intubar’ se escribe de preferencia con ‘i’ en vez de ‘e’. El año en que nos obsesionamos con las estadísticas de contagio, muerte y ocupación de UCI como si el planeta entero fuera un paciente y esos, sus signos vitales.

Fue el año de la logística. El año en que internet y los servicios de transporte y domicilios salvaron la cotidianidad. A ellos y a sus frecuentemente mal remunerados trabajadores les debemos también nuestra supervivencia.

Fue el año de la coerción. Azuzados por el miedo, los gobiernos del mundo multiplicaron medidas restrictivas, que trancaron nuestras libertades y empujaron a muchos negocios a la quiebra. A menudo esas medidas fueron aplicadas con criterio político más que sanitario. A muchos gobernantes, no nos quepan dudas, les quedará gustando el simulacro de totalitarismo al que pudieron entregarse con la excusa de la pandemia. Será una de las tareas democráticas más importantes de los próximos meses desmontar esas facultades extraordinarias para que nuestros líderes no se engolosinen con ellas.

En Colombia hay un dicho, ‘pa’tras ni pa coger impulso’, que resume cierta actitud ante los problemas: la tenacidad necesaria para salir adelante en aquellas regiones del mundo, que son la mayoría, donde aún impera el sálvese quien pueda. Pero este año ni eso evitó que diéramos marcha atrás, pues el camino adelante estaba obstruido por un enemigo implacable. El frenazo fue inesperado y traumático. Sin embargo, la adversidad, como siempre sucede, espoleó la creatividad humana, que desde hace un tiempo estaba demasiado dedicada al perfeccionamiento de las atractivas chucherías del consumismo y la tecnología. Desarrollamos la vacuna e inventamos nuevas formas de comerciar y de canalizar la solidaridad; en eso último Colombia fue modelo. Saldremos de esto ensombrecidos, pues muchos sufrieron pérdidas irrecuperables, pero habiéndonos adaptado, que es la cualidad del Homo sapiens por excelencia. Un repliegue, sí: pero para encontrar la salida.

Pa’tras, sí, pero pa’ coger impulso.

A todos mis lectores, les deseo un venturoso, vacunado y pospandémico 2021.

Thierry Ways
@tways / tde@thierryw.net

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