El mundo al revés

El mundo al revés

En materia de justicia, las cosas son tan específicas o generales como le convenga al argumentador.

05 de agosto 2020 , 07:48 p. m.

Frente a la medida de aseguramiento contra Álvaro Uribe, de nada vale enumerar los logros del expresidente, como hacen sus defensores, ni pormenorizar sus supuestos delitos o defectos, como hacen sus enemigos. Es una discusión estéril. Ningún bando va a persuadir al otro. Es mejor, como dicen los gringos, “agree to disagree”: ponernos de acuerdo en no estar de acuerdo.

Sin embargo, independientemente de los méritos que uno le reconozca o no a Uribe, la decisión de la Corte Suprema de Justicia desconcierta. Así lo ven incluso críticos del expresidente con los que he hablado. Hace poco más de un año, esa misma Corte ordenó la liberación de alias Jesús Santrich, excabecilla de las Farc, a quien EE. UU. solicitaba en extradición por narcotráfico. ‘Santrich’ volvió a las calles y pronto se esfumó del radar de las autoridades. Reapareció en un video a los pocos meses, armado, altivo y de vuelta a sus andanzas. Al menos en el caso de la exsenadora Aida Merlano, quien también se voló por esos días, hubo elementos de película de acción: soga, disfraz, autodefenestración y motocicleta. La cómoda huida de ‘Santrich’, en contraste, fue una cachetada bufa a la nación. Una burla.

Por un lado, entonces, tenemos a un maleante soberbio, maestro del terrorismo y la clandestinidad, que le respondió al mundo con un bolero cuando le preguntaron si les pediría perdón a sus víctimas. Por el otro, a un senador activo, y el expresidente más popular de la historia en su momento, quien, a pesar de varios procesos en su contra, jamás ha dado señas de pretender evadirse (menos en medio de una pandemia global, con los aeropuertos cerrados). Por el contrario, si algo se le ha criticado es que no hubiera hecho ya uso de buen retiro, como todos sus antecesores.

El maleante fue liberado por la Corte, como un ave, y voló. El exmandatario fue puesto en detención domiciliaria. Estamos, como mínimo, ante un delito de lesa coherencia.

El maleante fue liberado por la Corte, como un ave, y voló. El exmandatario fue puesto en detención domiciliaria. Estamos, como mínimo, ante un delito de lesa coherencia.

Dirán los jurisconsultos que los casos ocurrieron en contextos diferentes, ante salas distintas de la Corte, que se están comparando peras con manzanas, etc. Vale. Pero no nos digamos mentiras: en materia de justicia, las cosas son tan específicas o tan generales como le convenga al argumentador. Cuando se quieren acentuar las diferencias entre dos situaciones, se invoca la letra de la ley: la sentencia, el parágrafo, el inciso, la coma mal parqueada. Se desempolva el microscopio y se le buscan al perro hasta las pulgas de las pulgas. En cambio, cuando se busca diluir las minucias, se usa el gran angular. Se habla de Justicia con J mayúscula, al diablo los detalles. La extrema izquierda, que tanto ha gozado con la medida contra Uribe, es experta en ese procedimiento de zoom out. Hasta los crímenes de la guerrilla los ha excusado como producto inevitable de ‘injusticias sociales’. Ahí sí no importan los códigos jurídicos; el mero inconformismo con el estado de la sociedad basta para absolverse.

El concepto de justicia, en otras palabras, es elástico. Y quien lo invoca suele ser tan cositero o tan macroscópico como le conviene.

El ciudadano de a pie, inocente –gracias a Dios– de los recovecos del derecho, analiza los acontecimientos desde una moral fundada en el sentido común. Y en este caso, el mensaje, o la ‘narrativa’, que se impone, con las consecuencias políticas a las que dé lugar, es la ratificación de una frase que los uribistas repetían en la época del plebiscito: “Los terroristas al Congreso y quienes los enfrentaron, a la cárcel”.

Es un mensaje que repugna tanto al uribismo como a muchos de sus críticos centristas, quienes, a pesar de sus diferencias con el expresidente, perciben que de repente están viviendo en el mundo al revés. Y razón no les falta.

Thierry Ways
@tways / tde@thierryw.net

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