Bichos con corona

Bichos con corona

Los Estados autoritarios tienen ventajas. Pero sigue siendo preferible la imperfecta democracia.

12 de febrero 2020 , 08:15 p.m.

Un Estado autoritario tiene sus ventajas. Para enfrentar la epidemia de coronavirus que por estos días espanta al planeta, China construyó un hospital para 1.000 personas en cuestión de 10 días. La hazaña suscitó comparaciones poco favorables con las obras públicas de acá. Y se requiere una férula de acero para ordenar la cuarentena, como ha hecho Pekín, de 16 ciudades cuya población combinada es de casi 50 millones de personas.

Pero un poder tan omnímodo que puede confinar en casa a una masa humana del tamaño del censo colombiano es imposible que no sea abusado. China, como se sabe, ha construido un Estado de vigilancia que controla y censura no solo la prensa, sino el internet, las redes sociales y hasta las comunicaciones “privadas” de las personas.

El 30 de diciembre pasado, el Dr. Li Wenliang mencionó en un chat de colegas que había siete pacientes con una misteriosa afección respiratoria en un hospital de Wuhan. A las pocas horas, las autoridades lo amonestaron por haber enviado esa información. Unos días después, la policía lo detuvo, junto a otros siete médicos, por “esparcir rumores”. La agencia estatal de noticias denunció el caso y exhortó a la ciudadanía a mantener “un ciberespacio armonioso, claro y brillante”.

Otros médicos, que sabían de más pacientes con la “extraña neumonía”, prefirieron callar para evitarse problemas. Así, se perdieron tres elementos críticos para el manejo de una epidemia: tiempo, información y confianza en las autoridades. El “secretismo patológico” del Partido Comunista, dice Minxin Pei, experto en China de Claremont McKenna College, entorpece su capacidad para responder a las emergencias.

Los Estados autoritarios tienen ventajas. Pero sigue siendo preferible la aburrida e imperfecta democracia: una democracia vigilada por una prensa y una ciudadanía libres de expresarse sin miedo.

Como todo régimen autoritario, el Partido Comunista Chino vela por proyectar una imagen de infalibilidad. No puede permitir que se ponga en tela de juicio su sabiduría. Para eso, necesita filtrar permanentemente el flujo de información y, de ese modo, mantener el dominio de ‘la narrativa’. Narrativa que, en este caso, era: todos tranquilos, no está pasando nada. El Partido y su magnánimo Líder tienen todo bajo control.

Pero la realidad ya había derrumbado el relato oficial. La infección se estaba transmitiendo de humano a humano (quizá desde semanas antes) y el Partido pronto tendría que reconocer la existencia de una nueva enfermedad, bautizada COVID-19 por la Organización Mundial de la Salud. El Dr. Li, por su parte, contrajo el virus en los días posteriores a su detención, fue hospitalizado y murió el viernes pasado, a los 33 años. De inmediato, las redes sociales chinas lo convirtieron en un mártir de la libertad de expresión.

Decía al comienzo que los Estados autoritarios tienen ventajas. Pero, con todo y eso, sigue siendo preferible la aburrida e imperfecta democracia: una democracia vigilada, como quería Jefferson, por una prensa y una ciudadanía libres de expresarse sin miedo. Es cierto, el caciquismo vertical es más emocionante; por eso le atrae a tanta gente. El unipartidismo y las dictaduras son los únicos sistemas que, cuando quieren, gobiernan a la velocidad del trueno. Ordenan construir un hospital, nivelar una montaña o poner una perra en órbita y ¡zas!, se cumple. La democracia, en cambio, es fastidiosa y frustrante y complicada; hay que poner de acuerdo a demasiadas personas, cada una con su visión y sus intereses disímiles, por medio de lentos procesos deliberativos que pueden desesperar al más sereno. Pero su virtud no es la eficiencia, de la que carece, ni tampoco, por más que se crea, la representatividad, sino la capacidad para prevenir, contener o, dado el caso, corregir abusos de poder. Sin democracia, quedamos a la merced de bichos con corona, como en tiempos pasados. Un hombre o un virus, qué más da.

Thierry Ways
@tways / tde@thierryw.net

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