Aventones y mandados

Aventones y mandados

Quizá lo que se castiga sea, simplemente, el lucro.

24 de julio 2019 , 07:00 p.m.

Supongamos que usted necesita ir a algún lado pero no tiene carro, así que le pide a un amigo, que está desocupado, que lo lleve. A cambio, le da dinero para cubrir el costo de la gasolina, más algo adicional por su tiempo y molestia.

O supongamos que, por cualquier motivo, usted no puede salir, y le pide a su amigo que le haga algún trámite o diligencia, a cambio, de nuevo, de una remuneración económica.

Coloquialmente, a lo primero lo llamaríamos ‘dar un aventón’ y a lo segundo, ‘hacer un mandado’. Dos tipos de acuerdo voluntarios, benignos y sencillos. Que son, ya lo habrá advertido el lector, los tipos de acuerdo que facilitan las plataformas digitales como Uber y Rappi.

La diferencia entre esas plataformas y estos dos ejemplos no radica en la naturaleza de los servicios prestados, que no cambia, sino en su escala. Sin la tecnología, usted necesita conocer a alguien que pueda prestarle el servicio. Con ella puede obtenerlo, así no conozca a nadie que se lo pueda prestar: la plataforma conecta al solicitante con el prestador de modo automático, gracias a lo cual se multiplica masivamente el número de interacciones posibles. En términos económicos, diríamos que hemos incrementado la ‘utilidad’ total de la sociedad, pues ambas partes del intercambio quedan mejor que antes: el solicitante, porque obtuvo el servicio que necesitaba, y el prestador, porque ahora tiene un poco más de dinero.

Quienes exigen que estos intercambios se organicen bajo las estrictas reglas del contrato laboral adoptan, por tanto, una posición difícil de defender. ¿Están sugiriendo que el Estado regule todos los aventones y mandados, hasta los acordados informalmente entre amigos? ¿O solo los intermediados por plataformas digitales?

Intuyo que el recelo de ciertos críticos obedece no tanto a la supuesta explotación del trabajador, sino a que alguien haya inventado una manera de hacer dinero ayudando a que se conecten dos extraños

En ambos casos sería lesivo para la sociedad, pues se reduciría drásticamente el número de servicios prestados. Menos gente se beneficiaría. Y aun si se esgrimiera alguna argucia jurídica para justificar que no, no hay que regular esos acuerdos cuando se dan informalmente entre dos amigos, pero sí cuando son intermediados por un tercero, habría que preguntar: ¿por qué? Puesto que la diferencia entre uno y otro caso es de escala y no de género, esa distinción implica que dichos acuerdos son buenos y bienvenidos si ocurren poco, pero cuestionables –y susceptibles de ser regulados por el Estado– si ocurren bastante. Es decir, buenos si benefician a pocas personas, malos si benefician a muchas: un sinsentido. Cuyo trasfondo parece significar: aquí se castiga la eficiencia.

O quizá lo que se castiga sea, simplemente, el lucro. Pues intuyo que el recelo de ciertos críticos de Uber y Rappi obedece no tanto a la supuesta explotación del trabajador, como afirman, sino a que alguien haya inventado una manera de hacer dinero ayudando a que se conecten dos extraños que pueden beneficiarse mutuamente si tan solo tienen una manera de encontrarse. Pero eso no se aplica para todos los enemigos de estas plataformas, por supuesto. Por eso he diseñado un sencillo test que les permitirá a esos críticos descubrir su verdadera motivación, a saber: si su rechazo es realmente producto de la solidaridad o, más bien, de la envidia.

Supongamos que un competidor lanza una plataforma idéntica a Uber o Rappi, que conecta a alguien que necesita un aventón o un mandado con alguien dispuesto a suministrárselo. El tomador del servicio pagará al prestador una suma de dinero, igual que ahora. Pero con una diferencia: la nueva plataforma pertenece a una fundación filantrópica, sin ánimo de lucro, que no obtiene ganancia alguna por la intermediación tecnológica. De hecho, la considera un servicio social.

¿Les seguiría pareciendo un terrible caso de explotación laboral, que hay que regular hasta la extinción?

@tways / tde@thierryw.net

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