Una supermujer ha muerto

Una supermujer ha muerto

Ella, Rosita Turizzo, dedicó su vida a la equidad de género. Gracias en nombre de Colombia toda.

15 de julio 2020 , 09:25 p. m.

Fue una de las primeras mujeres colombianas en llegar a la universidad. Ella contaba que se sentía intimidada en medio de tantos hombres que no la miraban bien cuando se sentó a estudiar Derecho, hombro a hombro con ellos. Su madre le dio los ánimos para seguir. Años más tarde, estaba encabezando fila para pedirle a Alberto Lleras Camargo que no se hiciera el de la oreja corta frente al voto femenino en Colombia. Gracias a su esfuerzo y al empeño de un puñado de grandes como ella, las mujeres pudimos votar por primera vez en este país en el Referéndum del año 1957.

Ella, Rosita Turizzo, dedicó su vida a la equidad de género; tuvo dificultades en el camino y seguramente muchos enemigos que todavía hoy, increíblemente, no han entendido que este es un trabajo que redime a ambos sexos y, por ende, a la sociedad toda. Pero, pese a lo complejo de su tarea, nunca la escuché levantar la voz de manera inadecuada; por el contrario, su sonrisa de Mona Lisa nunca le faltó y sí que logró, entre otras cosas, hacer oír la voz de la mujer en todos los escenarios.

Hoy, que algunos se quejan de los “gritos” de la alcaldesa de Bogotá, Claudia López, yo pienso con admiración en doña Rosita y me pregunto por qué se fue sin habernos logrado introyectar algo que para ella era tan propio: hacerse sentir sin causar heridas; hacerse oír en escenarios masculinos, machistas y dados a descalificar la iniciativa femenina.

En múltiples entrevistas con mujeres líderes ellas se quejan de que el nivel de voz alto se convierte en un recurso ante la impotencia del irrespeto masculino. A Claudia López la escuché decir antes de llegar a su cargo actual como Alcaldesa de Bogotá, que la confrontación política le sacaba a flote un aspecto que no era propio de su personalidad y era esa necesidad de dar a veces pelea en voz alta. Yo la entiendo: no creo que en la mayoría de las ocasiones el grito sea la opción escogida por gusto. Es más un síntoma de la impotencia que genera en la mujer esa mayoría masculina en contra. En el Congreso, en los concejos municipales, en las juntas directivas, es usual el intento de acallarnos.

Esta pandemia es un ejemplo muy claro, y ya lo había expresado en otra columna, pero la sensible muerte de doña Rosita me hace que lo traiga de nuevo al caso: Claudia López ha sido sensata en sus alertas tempranas sobre lo que se venía con el covid-19; ha sido atinada en pedir que las salidas a la calle se programen con más y mejores protocolos para evitar picos como el actual; ha tenido razón en pedir más respiradores para Bogotá. Pero no nos digamos mentiras, hay quienes la han descalificado porque es mujer, porque representa la diferencia, porque tiene razón, ¡y porque grita!

El camino ha sido duro, decía doña Rosita, pero también ella nos alentó siempre: sigamos adelante; los derechos de las mujeres en el mundo son fruto de nuestro esfuerzo y lograremos que hombres y mujeres entiendan que no buscamos otra cosa que el bienestar, la prosperidad y la paz para todos. Descanse en paz usted, inmensa mujer. Usted cumplió muy bien su tarea. Gracias en nombre de Colombia toda.

Sonia Gómez Gómez

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