¡Sorpresas nos da la política!

¡Sorpresas nos da la política!

Ramírez es la de mayor trayectoria y la que se la ha jugado por una política a favor de la mujer.

07 de marzo 2018 , 12:00 a.m.

¿Qué va a pasar en estas elecciones? Esa es la pregunta que como periodista me han repetido en los últimos doce meses. Mi respuesta: no hace falta ser pitonisa para saber que lo que está por venir en las elecciones presidenciales es un duelo entre derecha e izquierda. No creo que haya lugar para candidaturas ‘neutras’, si es que así se las puede llamar. Esto porque es un hecho que el país se polarizó en este gobierno y no se puede pedir a última hora que el escenario sea distinto.

¿Y quién ganará? Esta ha sido la siguiente pregunta. Mi respuesta: el escenario de último minuto nos llevará a todos, aún a los que no estamos casados ni con izquierdas ni con derechas, a tomar partido hacia un extremo, y el extremo ganador será la derecha, porque el país está con la herida abierta y sangrante que le produjo la lucha guerrillera y el actual gobierno ha sido displicente ante sus opositores en el camino a la paz.

En ese orden de ideas, las elecciones del 11 de marzo son fundamentales, no tanto por los y las elegidas al Congreso, sino más bien por la consulta de la derecha –la de la izquierda podría decirse que ya está definida–. La cosa está dura porque sabemos que aquí se trata de un voto que es decisivo para el curso que seguirá la historia del país, por lo menos en los próximos años. Estamos en el mismo escenario del Sí y el No para el plebiscito. Aquí los indecisos, los de ‘no saben’, ‘no responden’, son cruciales. Y yo me atrevo a decir que con los malos resultados de los gobiernos de izquierda en América Latina, preferirán cruzar hacia la diestra.

Como la consulta de la izquierda está cantada, hablo de la otra señora consulta en la que algunas encuestas dan como ganador al candidato del presidente Álvaro Uribe. Allí sí cabe decir: “Sorpresas nos da la vida”, o más exactamente, “sorpresas nos da la política”.

No creo que haya lugar para candidaturas ‘neutras’. Esto porque es un hecho que el país se polarizó en este gobierno y no se puede pedir a última hora que el escenario sea distinto.

Está también cantado que el exprocurador Alejandro Ordóñez no tiene chance. Su radicalismo, por todos conocido, hizo que su figura se volviera ‘no deseable’ en una sociedad que, por católica y apostólica que sea, ha sabido abrir su mente para entender que en el escenario de los derechos humanos no son viables los señalamientos para quienes dentro o fuera de la Iglesia católica hemos aceptado como la mejor opción el reconocimiento a derechos tan fundamentales como el de la mujer sobre su cuerpo, a la toma de decisiones libres en materia reproductiva, a llevar el enfoque de género a la educación en todas sus instancias, a la eutanasia, a los derechos igualitarios de las minorías sexuales, etc.

En cuanto al candidato de Uribe Vélez, Iván Duque, no es mucho lo que el país sabe de él, entre otras razones obvias, porque su trayectoria pública ha sido incipiente. Él, como su jefe político, maneja algunas propuestas que muestran estancamiento en temas que Colombia y muchos países civilizados ya han superado, como el de la libre autodeterminación, la dosis personal de droga, la legalización de la marihuana, etc. Lo mínimo que se le puede pedir es que presente propuestas que no sean copia y que den cuenta de un pensamiento renovado y de un interés legítimo por la equidad y la redistribución que yo no vi en un mandato uribista. En esta recta final él debe comprometerse con este último y urgente tema.

Entonces queda Marta Lucía Ramírez, a quien las encuestas no la favorecen, pero curiosamente la ‘vox populi’ le da la victoria. Quienes definitivamente no la van con las izquierdas, hombres y mujeres, están de acuerdo en que de los tres candidatos es la más autónoma, la de mayor trayectoria y la que se la ha jugado toda por una política a favor de la mujer. Por eso, ella ha dicho, con razón, que en este caso ser mujer es un plus, porque ella sabe que en este tema ha sido coherente, porque está segura de que las mujeres la respaldan y que ya es hora de que Colombia se la juegue toda con una mirada menos guerrera, más humana y menos excluyente en un escenario donde necesitamos figuras y propuestas más pacificadoras.

No nos equivoquemos. Este no es un asunto de faldas, es asunto de responsabilidad y oportunidad. En un país polarizado y herido hay que procurar que el llanto y crujir de dientes no siga siendo tan dantesco. Con seguridad, una mujer en la presidencia es lo mejor que puede pasarnos a los colombianos. Y eso es ni más ni menos lo que se está jugando este 11 de marzo. Ojalá para unas próximas elecciones la izquierda haya producido pensadores y pensadoras que respeten la democracia y aprendan a gobernar sin odios y sin necesidad de destruir la base económica. Y mientras eso llega no podemos dar saltos al vacío. Que impere la cordura por el bien del pueblo.

SONIA GÓMEZ GÓMEZ

Columnistas

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