Presidente, Jericó lo espera

Presidente, Jericó lo espera

Ya es hora de dejar el colonialismo de las multinacionales que vienen, sacan, destruyen y se van.

25 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

Sí presidente Iván Duque, de raza antioqueña, para más señas… Jericó y el suroeste antioqueño todo lo esperan; quizás sea imposible que lo haga personalmente ante las tareas propias del covid-19 que usted ha enfrentado con diligencia y acierto. Pero tranquilo, lo que ellos esperan, ante todo, es su sensatez, su liderazgo y su visión, acorde con los escenarios medioambientales y de desarrollo que se avizoran para Colombia y el mundo.

Estuve algún día en la misma mesa con su padre como gobernador —en ese espectacular suroeste antioqueño que usted bien conoce— en un foro sobre el potencial turístico de la zona (tengo la foto, cualquier día se la envío por la web). Estoy segura de que si a él como gobernante una multinacional extranjera le llegara con el cuento de que va a traer desarrollo y dinero explotando minas de cobre y oro en ese territorio, le diría que Jericó y sus zonas aledañas lo que necesitan no son tierras arrasadas, quebradas secas y cauces contaminados, ni mucho menos flora y fauna destruidas y campesinos desplazados y empobrecidos…

Diría que esta región, que presenta varios de los pisos térmicos del departamento, desde caliente hasta frío, de la que manan café, frutas, caña panelera, fríjol, yuca, papa y maíz, que embelesa con sus paisajes cafeteros y atrae turistas de todo el mundo, atrapados por su gente buena y sus pájaros de colores, sí necesita inversión en ella, sí requiere proyectos futuristas, pero nunca engaños ni cantos de sirena. No necesita, jamás, una compañía extranjera, cualquiera que sea su origen y su nombre, que vea esta tierra con ojos codiciosos y quiera convencer al país de sus bondades con argumentos que lanza a los cuatro vientos por medios de comunicación que necesitan pauta en esta época de vacas flacas, sus promesas son incumplibles. En 38 años se irían dejando solo el desastre.

Señor Presidente: ya es hora de dejar el colonialismo de las multinacionales que vienen, sacan, destruyen y se van, igual que viene ocurriendo hace más de 500 años. Ya es hora de que el agua sea nuestra y que no la dañen a cambio de promesas no cumplidas. Usted sabe que ningún territorio colombiano ha sido redimido por explotaciones mineras. La Guajira, por ejemplo, con todo el carbón extraído del Cerrejón continúa siendo el segundo departamento más pobre de Colombia (53,3), después del Chocó (62,8), suelo donde las empresas extranjeras emboban a los morenos con moneditas de oro para dejarles sacar su madera preciosa en helicópteros que se vuelan con ellas para nunca más volver.

Presidente, toda la comunidad representada por la agrupación Alianza Suroeste, que congrega todos los movimientos ciudadanos surgidos para defender su territorio de las garras de la explotación minera que pretende hacer allí la empresa Anglo Gold Ashanti, le pide que escuche sus argumentos. Que consulte las profundas razones que Comfama expone para retirarse de un gran proyecto cultural y turístico en la zona. Se trata de una entidad seria y neutral, eso usted lo sabe. Las clases de música que les están prometiendo a los rectores los inversionistas son una poma frente a las bondades y la experiencia de Comfama en generación de riqueza cultural y bienestar para los más necesitados.

Los acuerdos municipales en Támesis, Jericó, Urrao, Titiribí, Caicedo y Jardín para prohibir la minería de metales en sus suelos son una expresión de la democracia que por ningún motivo puede desconocerse. La Corte Constitucional, a través de la sentencia T-455/16, permite a los entes territoriales prohibir la minería dentro de los planes de ordenamiento territorial (POT), y la Constitución, en su artículo 313, faculta a los concejos municipales para hacer normas en defensa de su patrimonio ecológico.

Cuando se habla del suroeste antioqueño no se está haciendo referencia a tierras empobrecidas ni desérticas. Es una región verde para la siembra, para el turismo, para sus gentes, para el mundo. Es un territorio privilegiado en el contexto mundial. Un paraíso para el turismo de aves con una vocación económica definida y una cultura ancestral que ya está siendo tocada por intereses que dividen la población ante las promesas de un futuro mejor, que nunca vendrá por el camino que se está tratando de abrir y que ya ha empezado a afectar las aguas subterráneas. No hay hoy ni en el futuro ningún producto más importante, más valioso y más estratégico que el agua.

Retomo las palabras de Catalina Mesa, directora de la película Jericó, el infinito vuelo de los días, que la hizo merecedora de la Orden a la Democracia del Congreso de la República y a quien he consultado para esta columna: “Es un territorio tan privilegiado en cultura y riqueza ambiental que hacer un proyecto minero como el previsto tiene un costo negativo demasiado alto desde cualquier punto de vista”. Y, como dice Juanes, al defender esta, la tierra de sus ancestros, no se le puede imponer a un pueblo el cambio de su vocación a la fuerza.

Sonia Gómez Gómez

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