¿Por qué paren estas mujeres?

¿Por qué paren estas mujeres?

Son urgentes los recursos específicos para atenderlas, con un enfoque de género.

14 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

Me encanta la polémica que hay en torno al alto número de partos de mujeres venezolanas… Me encanta que se destapen todas las cartas en torno al tema y que hablemos claro sobre la realidad de estas madres, su presente, sus condiciones, su futuro y lo que se debe hacer frente a tan grave problema.

Sí, paren mucho ellas —y también las colombianas con menores oportunidades, las desplazadas, las rurales—. ¿Saben por qué? por su condición de vulnerabilidad: pobreza, falta de educación, no disponibilidad de métodos anticonceptivos o carencia absoluta de dinero para comprarlos, temor a la muerte de sus hijos en centros asistenciales venezolanos… y dejo para el final lo peor y más frecuente: porque son víctimas de violencia sexual en su calidad de refugiadas; es más, algunas confiesan que han tenido hijos de hombres colombianos, fruto de su ejercicio obligado como prostitutas en zonas de frontera.

Los ojos del mundo y de Colombia deben mirar hacia estas mujeres y hacia todas las mujeres desplazadas como ellas. Son urgentes los recursos específicos para atenderlas, con un enfoque de género. Aplaudo la decisión del presidente Iván Duque, quien anunció esta semana que se dará nacionalidad colombiana a los hijos de venezolanas nacidos en nuestro territorio por un período limitado. Estoy de acuerdo con él cuando ha dicho que “el país está mostrando que el camino de la xenofobia es el rumbo equivocado”. El Gobierno ha dicho que la atención al proceso migratorio le cuesta potencialmente el 0.5 % del PIB anual, pero nuestros hermanos venezolanos merecen y requieren ayuda en condiciones dignas, con salarios justos y buena actitud. Mi experiencia con ellos en las calles, en los parques donde se refugian y en las peluquerías ha sido grata. Nunca he escuchado de ellos y ellas una queja. Siempre su respuesta ha sido amable y valiente.

Pero volvamos a las mujeres. Naciones Unidas ha dicho que el gesto de Colombia de buscar la no existencia de venezolanos apátridas en nuestro territorio atiende el interés superior de los niños. Pero siempre lo he dicho, también para las colombianas: hay que parar los nacimientos no deseados, no estimularlo con subsidios que solo ayudan a agravar el problema teniendo más hijos. Las mujeres vulnerables necesitan programas de anticoncepción temporales y definitivos más que pañales para sus hijos. ¿Cuántos de esos hijos que han nacido en nuestro país son hijos de la violación? ¿Se les ha preguntado a las venezolanas si quieren tenerlos? ¿Se les ha hablado de las causales de aborto legal en nuestro país? ¿Se les ha ofrecido ligadura de trompas en la sala de parto? ¿Se han montado programas de educación sexual básica en los hospitales donde las atienden? Seguramente no, como también ocurre con las niñas y adolescentes violadas en Colombia. Algunos empleados de la salud las tratan de manera despectiva, como si fueran madres por irresponsabilidad o promiscuidad premeditada. Algunos profesionales les niegan una ligadura de trompas y hasta les dicen que si ya les pidieron permiso a sus maridos.

Son aterradores los testimonios de mujeres venezolanas que por falta de oportunidades se han tenido que emplear en la prostitución o han sido víctimas de la trata de personas. Para mí es la cara más dolorosa de todos estos episodios generados por la crisis venezolana. ¿Qué políticas estamos implementando para evitar que esto ocurra? Mi pregunta va no solo para el Estado sino también para los hogares que las emplean para oficios domésticos: ¿se les está pagando lo justo?, ¿se les está orientando y apoyando para algún método de planificación de mediano plazo que las proteja mientras superan su crisis económica?

Los problemas complejos que enfrentan las mujeres en Colombia y en América Latina para vivir una sexualidad sana y feliz son conocidos y documentados. Lo que vivimos con las venezolanas que llegan a parir podría ser el detonante para una revisión audaz de las políticas públicas y de los estereotipos culturales en esta materia. Hay que cerrar el círculo de la pobreza evitando el nacimiento de hijos indeseados y por los cuales no se puede responder, pero para poder exigir esta conducta a las mujeres es urgente darles los elementos y la protección frente a causas estructurales como la violencia de género y el mito de la maternidad, según el cual su misión es ser madres y más allá de ello no hay nada mejor para ellas.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) calcula que 1,1 millones de niños necesitarán protección y acceso a servicios básicos en 2019 en América Latina y el Caribe debido a la crisis migratoria en Venezuela. Decir que ayudar a planificar a las mujeres vulnerables es un acto de rechazo es un sofisma de distracción de las ultraderechas. Por el contrario, es una forma digna y efectiva de ayudarles a ellas, a sus hijos y a los no nacidos que evitarán llegar a este mundo a repetir la tragedia de sus padres.

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