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Gobernar sin vanidades

Gobernar sin vanidades

Busquemos una figura femenina que al estilo de Merkel sepa bien que el ego es el enemigo.

12 de abril 2021 , 09:25 p. m.

Quiero hoy lanzar desde Antioquia una propuesta para que escojamos una mujer para la presidencia y la llevemos a la cabeza del país. Mujeres, podemos hacerlo; somos mayoría y tenemos la sensatez para entender que hay que pasar la página porque estamos hartos y hartas de ineptitudes y vanidades a la hora de gobernar.

Sí, gobernar sin vanidades, es la consigna. Gobernar con humanismo, con respeto a los derechos de todos y todas. Gobernar desde la equidad, para que nuestras clases menos favorecidas y nuestras mujeres no sigan llevando la peor parte, mientras las componendas corruptas y machistas se quedan con toda la torta y todos los beneficios.

Ojo que no estoy hablando de izquierdas ni ultraderechas. Ninguna de las dos va conmigo. Estoy hablando de gobernantes que, desde todos los departamentos, sea cual fuere su importancia en el panorama nacional, han demostrado, especialmente en esta pandemia, que dirigen y ordenan desde el ego, desde la falta de preparación, desde el autoritarismo y, sobre todo, desde la NO visión de futuro. Gobernantes que se roban el dinero de acueductos y alcantarillados en la periferia, en nuestras costas, donde la gente sigue viviendo en el lodo. También gobernantes de grandes capitales que quieren repartir la torta de las mejores empresas entre sus amigos, o populistas de izquierda que aún creen que destruir el capital es el camino al desarrollo.

Pido hoy que miremos, para tratar de emular, el perfil de una mujer que por casi dos décadas ha conducido los destinos de la Comunidad Europea y de su país: Angela Merkel, quien, pese a los desgastes de un largo gobierno y de la epidemia del covid-19, sigue siendo considerada un ejemplo de lo que significa gobernar no desde el ego sino desde el interés por el bien común del planeta. Ella ha defendido la democracia, los refugiados, el no al racismo, los acuerdos por el cambio climático y tuvo la valentía de cerrar la peligrosa carrera de la energía nuclear en su país.

Ella, como mujer gobernante, es sobria y reposada, no grita como suelen hacerlo las mujeres en la política, restándose todos los méritos a sí mismas; ella se viste para mostrar austeridad y naturalidad, no para conquistar adeptos a punta de faldas estrechas y a media pierna; ella sabe que eso no hace mejor a una mujer y menos a una líder del pueblo. Merkel tuvo todos los enemigos juntos cuando inició su carrera y a todos los venció guardando la calma y no dejándose ahogar en llanto. Ha tenido el valor y el cuero duro para lidiar con el sexismo en la política. ¡Cuántas mujeres en nuestro país han dejado sus cargos de altura porque no aguantan más tantos machos poniéndoles zancadilla!

En el libro La física del poder, sus autoras, las periodistas Christina Mendoza y Patricia Salazar, dicen que Merkel “ha recordado la manera de conducirse ante los felinos menores: el autocontrol, el sigilo, la autonomía y la fascinación por el silencio natural, rasgos muy marcados de su carácter”. Sobre su silencio ella ha dicho (cita del libro): “Existe el silencio producto de una confianza ilimitada, existe el silencio que sirve de respuesta a una provocación…”. Merkel ha sido serena en situaciones en extremo críticas; ha sido resuelta y sosegada. Ha tenido desde la CDU cuatro triunfos electorales como Canciller; ella, la misma a la que las encuestas en un comienzo le daban casi nulas opciones, entre otras cosas, por ser mujer.

Respecto al manejo del covid-19, en la segunda terrible ola hay descontento entre los alemanes, muchos de los cuales se niegan al nuevo encierro. Pero, en honor a la verdad, todos los gobernantes del planeta están contra la pared sopesando la disyuntiva entre el confinamiento para evitar más contagios o la apertura para evitar la catástrofe económica. Pero lo que sí hace la diferencia es la forma como se ha encarado el asunto desde la concepción del poder. Muchos presidentes han quedado en cueros por su egolatría, insensatez, falta de visión y de respeto por sus gobernados, como ocurrió con el presidente Trump en EE. UU. y Bolsonaro en Brasil. Angela Merkel, en cambio, en la primera ola de la pandemia mereció el título de ser una de las más exitosas gobernantes en su manejo. Hoy, con aciertos y desaciertos, pero con respeto, intenta acertar y no ha tenido problema en echarse atrás y reconocer sus errores cuando ha sido necesario.

La CDU en Alemania no sabe qué reemplazo buscarle. Colombia está en plena campaña y por todos lados no salen a la luz sino candidatos llenos de odios, de extremos, de vanidades. Insisto: partamos de cero, definamos un perfil y busquemos nuevos rostros y una figura femenina que al estilo de Merkel sepa bien que el ego es el enemigo y que son los valores los que hacen un buen gobernante.

Sonia Gómez Gómez

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