El hombre que abrió la ventana

El hombre que abrió la ventana

Este hombre admirable fue y sigue siendo un defensor de la democracia.

08 de noviembre 2019 , 08:08 p.m.

El Muro de Berlín cayó hace 30 años gracias a un hombre que ‘abrió la ventana’. Este hombre, Mijaíl Gorbachov, cumplió 89 años en la soledad de su dacha, sin Raisa, su bastón y fortaleza, viviendo en carne propia la soledad del líder reformador, sin la debida gratitud de los millones de ciudadanos que estuvieron prisioneros en sus casas por cuenta y riesgo de los regímenes comunistas de Europa del Este. Sin los aplausos de aquellos que vi con mis propios ojos cruzar jubilosos la Puerta de Brandemburgo cuando fue abierta por primera vez tras la caída del Muro. ¡Cuántos gritos de libertad, Dios! Había que vivirlo para darse cuenta de los sentimientos contra un sistema que negaba el derecho a decidir dónde y qué estudiar, dónde vivir, dónde trabajar y hasta dónde morir. “Quise estudiar leyes y me dijeron que eso no era lo que necesitaba el Partido. A mi esposo, actor reconocido como enemigo del régimen, se lo llevaron —a los seis meses de habernos casado— a un hospital ‘porque estaba enfermo’; eso dijeron. Nunca más lo volví a ver”, me contó entonces Íngrid, una alemana de 67 años. Hoy todavía llora cuando habla de ello.

A 30 años de libertad, en la DW Latina, televisión alemana, los testimonios repiten una y otra vez: “Ciudadanos del mundo, la libertad no se puede dar por sentada, hay que cuidarla porque se puede ir de la noche a la mañana; democracia es ser libre para algo, para participar y colaborar; la libertad solo puede ser plena si todos la asumen y la defienden”. Palabras que la prensa latinoamericana haría bien en difundir a los cuatro vientos, cuando los socialismos del siglo XXI tocan a la puerta, y no precisamente para contar los horrores del totalitarismo de izquierda, que prometió democracia ante los excesos de los zares y luego demostró con creces que para el Partido la libertad era una molestia. No sin razón, 2,7 millones huyeron de Alemania del este hasta 1961, cuando se levantó el Muro y ya nadie pudo salir sin arriesgar su vida.

¿Qué dice en sus Memorias aquel hombre que abrió la ventana? ¿Qué dice aquel valiente a quienes algunos acusan equivocadamente del desplome de la URSS? “Lo que ocurrió se diferencia en muchos aspectos de mi idea sobre un proceso óptimo de democratización… nos equivocamos en varias circunstancias… pero los sucesos eran predecibles… el crimen mayor del modelo autocrático, su incapacidad de renovación, repercutió también en su caída… un pueblo que oprime a otro no puede ser libre. La libertad del pueblo y la propia fue el argumento más fuerte en favor de la política seguida por mí”.

Repasar la historia nos llevará a aceptar que lo vivido en los países comunistas de Europa hace tres décadas fue una revolución, impulsada desde arriba por un puñado de reformadores, y desde abajo por el pueblo oprimido. Y la disolución del país tuvo que ver más con fracturas internas, con pugnas por el poder, que con el deseo del señor Gorbachov. Tuvo que ver con el coraje de ciudadanos de Polonia, de la hoy República Checa, con el apoyo de la Iglesia católica, con la sangre derramada por jóvenes hastiados de no poder hablar, salir ni decidir. “Las autoridades mantenían los ojos muy abiertos para vigilar la universidad, tanto a profesores como a estudiantes. La más mínima desviación de la línea oficial suponía la apertura de un procedimiento del Partido”, dice Gorbachov en sus Memorias.

Este hombre admirable fue y sigue siendo un defensor de la democracia, pero Hélène Carrère d’Encausse, en su libro Seis años que cambiaron el mundo, 1985-1991, dice que el contraste entre esa revolución y las soluciones que han dado, primero, Boris Yeltsin y, luego, Vladimir Putin, se hace visible, sobre todo, en el tema de la democracia: los reformistas de los ochenta sentaron las bases para una transición democrática, que desde la apertura informativa y el multipartidismo recompondría la sociedad civil e introduciría el Estado de derecho. Sus herederos en el poder renunciaron a esa finalidad y subordinaron, nuevamente, la libertad interna al imperio exterior, argumenta esta especialista en la historia rusa.

Por eso, como una enseñanza de la historia reciente para Colombia y América, retomo a Gorbachov cuando dice: “Los conceptos capitalismo y socialismo necesitan una nueva valoración. Aunque ciertas tareas puedan resolverse con mayor rapidez acudiendo a la fuerza, se pagará un precio muy alto… Debemos buscar un modelo óptimo de sociedad no a partir de esquemas imaginarios, sino de condiciones de vida comprensible para cualquier individuo y deseado por la mayoría”.

La libertad solo puede ser plena si todos y todas la valoramos.

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.