Secciones
Síguenos en:
Detengamos otro desastre ambiental

Detengamos otro desastre ambiental

Presidente, ¿va a aumentar la deuda ambiental con su país a cambio de unos pesos?

22 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Alarma, preocupación, llamado a la sensatez y al compromiso del Gobierno Nacional con la sostenibilidad ambiental es lo que desencadena la pésima decisión de la Secretaría de Minas de la Gobernación de Antioquia de aprobar el Programa de Trabajos y Obras del proyecto cuprífero Quebradona, que busca desarrollar la Anglogold Ashanti en el suroeste antioqueño, región de vocación agrícola, cafetera y turística.

(Lea además: EPM no se vende, se afianza)

La esperanza de evitar este error está en manos ahora de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales. La documentación histórica, con cifras, fotos, testimonios y demandas, de los daños que han causado en Colombia y en los países desarrollados las multinacionales que extraen nuestras riquezas mineras y dejan a cambio desiertos y pobreza cubriría el territorio nacional con evidencias. Pero los cantos de sirena que calan en los ingenuos de nuestros pueblos llenos de necesidades, el lobby de los poderosos y la corrupción de nuestra dirigencia permiten que se repitan estos saqueos a la identidad y tranquilidad de nuestros pueblos.

Que la Secretaría de Minas haga el ejercicio de un dossier público con los impactos sociales, ambientales y económicos que han generado al país y a Antioquia las extracciones mineras de los grandes capitales extranjeros. ¿Lo hará?

Qué la Gobernación nos responda por qué si habla de desarrollo y progreso, no ha acatado con decisión los llamados a fortalecer las finanzas de los pequeños y medianos cultivadores de café; por qué no ha incentivado la reforestación, como una fuente de ingresos para el país y de reivindicaciones sociales para grupos marginales; por qué no se da apoyo al turismo ecológico en todas sus facetas y por qué no se ha hecho eco de los estudios de Comfama en ese sentido en el suroeste; por qué no se destraban los permisos para tantas empresas que quieren exportar cannabis medicinal, mercado promisorio que nos llama y que estamos desaprovechando; por qué, en lugar de todo ello, se insiste en entregar el verde de nuestras tierras y la tranquilidad de nuestros pueblos, a manos de empresas, que en muchos casos provienen de regímenes autoritarios, asunto fundamental según nos ha alertado Angela Merkel desde la comunidad europea.

Porque no hay un modelo de desarrollo sostenible en nuestros planes de desarrollo. Porque no se escuchan los argumentos de todo orden que han esgrimido las comunidades que se oponen a tales adefesios. Porque los dineros por coimas seducen a los hombres sin valores. Porque nuestros empleados públicos se dejan cautivar con pajaritos de oro y los prefieren antes que defender el canto hermoso y e implorante de las aves de nuestro territorio, que nos ofrecen ingresos millonarios por turismo de avistamiento.

Yo hago un nuevo llamado por Jericó y todo el suroeste Antioqueño, para que luego no se lamenten, incluso a corto plazo, cuando por cuatro años no van a recibir ni un solo peso de regalías y en cambio sí verán su suelo arrasado cuando la extracción de oro termine en tres décadas.

Yo pido que el país defienda y apoye, en cambio, a los caficultores de la zona que, esta semana, en un evento virtual organizado por el Clúster Café Medellín y Antioquia, testimoniaron lo que están haciendo para lograr producir un café amigo del medioambiente, con las uñas y con el esfuerzo de familias enteras: abuelos, padres, hijos, nietos, que se aferran a su territorio con pasión, para lleva nuestro mejor café de origen a todas partes. El café, hoy en alza, es uno de los negocios más importantes del mundo. Hay que ver en él, como dijo alguien en el evento citado, “no granos sino gente”. Suroeste es café, es vida, es gente, no montañas de tierra movida e infértil. Suroeste aporta el 65 por ciento del café de Antioquia, segundo departamento productor de Colombia.

¿Son capaces los funcionarios de este gobierno de destruir tantos sueños impunemente? ¿Han leído la carta y los siete anexos que el alcalde de Titiribí envió mostrando las falsedades del estudio ambiental de Ashanti? ¿Han estudiado a fondo los cuestionamientos de Comfama? ¿Han tomado en serio a los grupos de civiles que se han unido para hacer ver los impactos negativos del proyecto Quebradona?

Un informe de Fedesarrollo para Proantioquia, dado a conocer en enero último, dice que este proyecto impacta el entorno, las fuentes de agua, el paisaje y los aspectos socioeconómicos y que el cálculo del government take (pago en términos de impuestos) del proyecto muestra que lo que toma el Gobierno de las utilidades operacionales de la mina ocupa un lugar intermedio en la comparación con otros proyectos contemporáneos en Latinoamérica.

Presidente, ¿va a aumentar la deuda ambiental con su país a cambio de unos pesos que no serán relevantes a la hora de medir la felicidad interna bruta? ¿Va a borrar con esto logros importantes como fue la defensa del páramo de Santurbán? La política ambiental debe ser coherente, sostenible, y eso implica no destruir ecosistemas con vocaciones ya definidas que solo necesitan más apoyo para seguir.

APARTE: a hoy, 3.679 procesos de insolvencia, con activos por 67 billones y 200.287 trabajadores; de ellos 2.942 procesos de reorganización y 737 de liquidación, según Supersociedades. Moraleja: compre colombiano. Diga, con convicción, no al contrabando.

SONIA GÓMEZ

(Lea todas las columnas de Sonia Gómez en EL TIEMPO, aquí)

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.