Un informe desolador

Un informe desolador

Hoy, Perú y el resto de los países del subcontinente permanecen en el subdesarrollo.

20 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

En tono burlón, Alberto Fujimori acusaba a Mario Vargas Llosa de confundir a Perú con Suiza en la campaña presidencial de 1990, en la que ambos contendieron. El infundio era mal intencionado porque el escritor no estaba confundido, hablaba de Suiza como aspiración. Fujimori ganó la presidencia prometiendo mitigar la pobreza mediante subsidios y dádivas, y actuar con mano dura contra Sendero Luminoso.

El cumplimiento de algunas de las promesas de Fujimori retrasó el avance de la nación y acabó con la aspiración de elevar al país al mundo desarrollado. Hoy, Perú y el resto de los países del subcontinente permanecen en el subdesarrollo, como lo muestran los desoladores datos del último informe del CAF-Banco de Desarrollo de América Latina.

En 1960, el ingreso promedio en América Latina era solo alrededor del 20 por ciento de ese ingreso en los Estados Unidos. Casi sesenta años después, los latinoamericanos se encuentran, mayormente, en la misma posición. Y lo mismo sucede al comparar los países de Latinoamérica con los de la Unión Europea e inclusive con otras regiones en desarrollo.

El retroceso, explica el informe, se debe principalmente a los bajos índices de productividad de la región. Son déficits que limitan su capacidad para transformar sus recursos en bienes y servicios de alta calidad.

La desigualdad, deficiente educación, corrupción, debilidad del estado de derecho y la falta de investigación y desarrollo tecnológico mantienen a Latinoamérica en el subdesarrollo

Para analizar el problema, el Diálogo Interamericano convocó a cuatro expertos a responder interrogantes como estas: ¿por qué persiste el problema en la región? ¿Aparte de los temas económicos hay factores no económicos que incidan en el asunto? ¿Qué políticas deberían implementarse para superar el problema?

Para Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica de la ONU para América Latina y el Caribe, “el impacto de esta tendencia se agrava por el hecho de que la estructura productiva de la región permanece concentrada en actividades cuya competitividad depende de los recursos naturales o de los salarios bajos, en lugar de (que sea) en la innovación y nuevas tecnologías y capacidades”.

“No obstante los avances en el acceso a la educación primaria y secundaria en la región, persisten serias preocupaciones sobre la calidad. La inversión en educación es clave para impulsar el crecimiento de la productividad laboral”.

“La desigualdad generalizada de la región tiene impactos perjudiciales en la eficiencia del sistema de producción, lo que lleva a la pérdida de oportunidades, incentivos y recursos para el aprendizaje y la innovación”.

La economista Jaana Remes apunta a otros dos factores importantes: la “desaparición de empresas medianas que podrían aportar dinamismo e inversión para ampliar el número de empleos productivos y bien remunerados en América Latina” y la falta de movilidad económica; “a pesar de los programas de reducción de la pobreza, más de 150 millones de personas en la región no han alcanzado una cómoda existencia de clase media”.

El diagnóstico de Welby Leaman, ejecutivo de Walmart en el continente americano, aporta tres nuevas variantes: “la informalidad, la corrupción y el débil Estado de derecho en América Latina socavan la productividad de las empresas y de los trabajadores que operan dentro del sector informal”.

Y para el economista del Banco Interamericano de Desarrollo Matteo Grazzi, “la intensidad promedio de investigación y desarrollo tecnológico en América Latina y el Caribe como porcentaje del producto interno bruto (un indicador generalmente aceptado del esfuerzo de innovación) es de alrededor del 0,7 por ciento, en comparación con más del 4 por ciento en países de referencia como Corea del Sur e Israel”.

Quizá hoy nadie en América Latina se atrevería a pensar en Suiza como aspiración, pero ¿por qué no en Singapur, Rumania, Corea o Israel?

Sal de la rutina

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