¿Regresa la marea roja al subcontinente americano?

¿Regresa la marea roja al subcontinente americano?

Debe buscar un sistema más equitativo. Pero Chile no es Argentina, ni Bolivia, ni Venezuela o Cuba.

04 de noviembre 2019 , 09:57 p.m.

Cuando oigo el clamor de la facción más delirante de la izquierda latinoamericana ante el triunfo de los peronistas en la elección presidencial en Argentina, la fraudulenta reelección de Evo Morales en Bolivia, la protesta indígena en Ecuador y sobre todo la revuelta chilena contra el gobierno de Sebastián Piñera, augurando el regreso de la marea roja a los gobiernos del subcontinente americano, pienso en la frase del ‘sabio de Baltimore’, el periodista, ensayista y crítico literario estadounidense H. L. Menken: “Para cada problema complejo hay una respuesta clara, simple y equivocada”. Una explicación precisa del desaliño mental con el que los acelerados califican situaciones que demandan pausa, análisis sereno y un lenguaje riguroso. 

Considere, por ejemplo, las declaraciones del delfín de los hermanos Castro, el cubano Miguel Díaz-Canel, argumentando que el regreso del peronismo a Argentina era una derrota al neoliberalismo. ¿Se habrá enterado de que, a pesar de los pesares, el resultado de la elección indica que Argentina es un país dividido en dos mitades casi iguales? ¿Sabrá que los Fernández tendrán que lidiar con una oposición robusta en el Congreso argentino? ¿Entenderá el concepto de oposición democrática? ¿O creerá que los argentinos quieren vivir en un régimen como el cubano, donde no hay oposición, no hay partidos políticos, no hay prensa libre, y “todo el país” vota a favor del Estado policiaco que hace más de medio siglo martiriza a los habitantes de la isla caribeña?

¿Puede alguien en su sano juicio pensar que el fraude electoral de Evo Morales (según parece calcado de las maniobras del mexicano Manuel Bartlett, quien en 1988 detuvo el flujo del conteo de votos para cambiarle el rumbo a la elección) significa que el continente entero marcha hacia la izquierda autoritaria?

Insertar la revuelta chilena en una rebelión de la izquierda transcontinental unificada para convertir el país más próspero de América Latina en una caricatura de Estados fallidos, como Venezuela o Nicaragua, es no entender nada.

Afortunadamente para Chile, para el resto de las Américas y para la izquierda pensante, hay estadistas como el socialdemócrata Ricardo Lagos –expresidente chileno–, que analiza con serenidad y autocrítica la preocupante situación en la que se encuentra su país.

En Chile, desde que los votantes botaron al dictador de forma democrática, la izquierda ha gobernado 24 años y la derecha, 5. Son 29 años en los que el poder adquisitivo de los chilenos subió mucho más alto que en el del resto del subcontinente. Se redujo la pobreza de un 40 % a un 10 %, y se eliminó la pobreza extrema. Evidentemente la convivencia no ha sido fácil, pero se ha progresado mucho.

El problema, como bien señala Lagos, es que ese 30 % que salió de la pobreza empezó a plantear nuevas demandas a las que pronto se sumaron las de la clase media, y que el Estado no ha podido satisfacer. Mayor movilidad social y económica, mejoras a la educación pública, disminución de la desigualdad, aumento de las pensiones, entre otras exigencias.

No deja de ser irónico que el alboroto de los delirantes de la izquierda suceda justo cuando el mundo entero celebra la caída del muro de Berlín que antecedió por un año el derrumbe de la Unión Soviética y el fin del sistema político que alguna vez aspiró a sustituir el sistema capitalista.

La tarea pendiente en Chile no es fácil porque se ha venido acumulando durante varias décadas. Ahora, todos los chilenos, de izquierda y derecha, deben trabajar unidos para perfeccionar su sistema democrático y regular su sistema económico para hacerlo más equitativo. Pero entendámonos bien, Chile no es Argentina, ni Bolivia ni mucho menos Venezuela o Cuba.

SERGIO MUÑOZ BATA

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