Racista hasta los huesos

Racista hasta los huesos

La propensión del presidente Trump a generalizar con estereotipos raciales es famosa.

22 de julio 2019 , 07:19 p.m.

¿Qué motiva a Trump a decir barbaridades todo el día, todos los días? Esa es una de las preguntas que a diario se hacen la ciudadanía, sus colaboradores, sus adversarios... el mundo entero.

La semana pasada, por ejemplo, arremetió a tuitazos contra cuatro congresistas mujeres, demócratas, de izquierda, no blancas, y dos de ellas musulmanas. ¿Por qué? Porque le critican duramente sus políticas migratorias.

En los primeros tuits, Trump no mencionó sus nombres, pero todo el mundo entendió que se refería a Alexandria Ocasio-Cortez, neoyorquina de origen puertorriqueño; a la afroamericana Ayana Pressley, nacida en Cincinatti; a Rashida Tlaib, nacida en Detroit de padres palestinos, y, sobre todo, a Ilhan Omar, una joven nacida en Somalia pero criada en Estados Unidos y ciudadana por naturalización.

Otra teoría plausible es que arremetió contra las cuatro congresistas porque es un misógino que solo ve las mujeres como objetos sexuales, y es incapaz de verlas como congresistas

Al viejo estilo de su mentor y antiguo abogado Roy Cohn, el nefasto asesor del senador Joseph McCarthy, y quien fue inhabilitado por la Suprema Corte de Justicia de Nueva York por conducta no ética, Trump acusó a las congresistas de ser comunistas y traidoras a la patria y, reviviendo el viejo eslogan de odio contra ellas, las conminó a regresarse a sus países de origen.

Según el reportero de The Wall Street Journal Michael C. Bender, un periodista al que ni en sus más brutales fantasías Trump podría acusar de ser un apparatchik trotskista, la virulenta reacción de Trump fue motivada por un programa de televisión en la cadena Fox en el que hablaban de las cuatro congresistas. Según esta versión, Trump dice barbaridades porque es un incontinente emocional.

Otros opinan que sus barbaridades tienen claros fines electoreros y son utilizadas estratégicamente para enardecer a su base en su campaña de reelección. Sin duda hay mucho de esto, pero el problema que tengo con esta interpretación es que asume que una vez decidida la elección presidencial, Trump dejará de decir barbaridades, lo cual, desde mi punto de vista, es imposible. Mucho antes de ser presidente, Trump cometía toda clase de atrocidades, y seguirá cometiéndolas a diestra y siniestra hasta que se muera.

Peor aún, si lo hace con fines electorales, eso significaría que la base principal de sus votantes son supremacistas blancos que siguen resintiendo duramente el cambio étnico-racial habido en el país a partir de que la ley de inmigración de 1965 facilitó la entrada de inmigrantes no europeos.

Pero yo no creo que todos sus seguidores sean supremacistas blancos. Hay también un puñado de latinos enajenados que creen en sus promesas, sin percatarse de que su condición económica, política y moral no ha mejorado nada desde que tomó el poder. Y hay otros que simpatizan con él porque se sienten desamparados, abandonados, y se cuelgan a la vana esperanza de que con Trump, su vida cambiará para mejorar.

Otra teoría plausible es que arremetió contra las cuatro congresistas porque es un misógino que solo ve las mujeres como objetos sexuales, y es incapaz de verlas como congresistas, y menos si son de color. Quien lo dude que recuerde el abultado número de mujeres que lo han acusado de acoso sexual y violación.

Mi explicación de la conducta de Trump es más simple, aunque no excluye ninguna de las teorías ya exploradas. Trump ofende porque siempre ha sido racista.

Cuando se dedicaba al desarrollo de bienes raíces, el Departamento de Justicia lo llevó a juicio por discriminación en la selección de sus clientes; durante el famoso caso de los Cinco de Central Park atizó la hoguera contra los muchachos de raza negra falsamente acusados de violación; su propensión a generalizar con estereotipos raciales es famosa: “Los mexicanos son violadores, los negros son flojos, los puertorriqueños son corrientes”.

En pocas palabras, Trump es racista hasta los huesos.

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