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Los abusos de la democracia directa

Los abusos de la democracia directa

Confío en que el gobernador californiano superará la trampa que los republicanos le han puesto.

06 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

A un año de que Gavin Newsom termine su mandato como gobernador de California, los californianos decidiremos dentro de una semana si debe continuar en su cargo o si queremos que lo sustituya alguno de los 46 candidatos que aspiran al puesto, en un referendo orquestado por el ala trumpista del Partido Republicano.

Sus inquisidores lo acusan de haber cerrado las escuelas e imponer la enseñanza no presencial, siguiendo la recomendación de las autoridades sanitarias para proteger la salud de niños y jóvenes.

También lo culpan por no haber resuelto la situación de las personas sin techo. Un doloroso estigma que padece el estado desde hace varias décadas.

Otro cargo que parece tener enorme resonancia en un sector de los votantes es que Newsom celebró el cumpleaños de un amigo en un restaurante de lujo justo al tiempo que le recomendaba a la población no salir de sus casas y evitar ese tipo de reuniones en establecimientos comerciales.

Estas son solo algunas de las endebles críticas que le hacen un puñado de republicanos y sus simpatizantes, exasperados porque su partido está en vías de extinción en el estado. Hoy no hay un solo republicano ocupando un cargo estatal en California; carecen de representación en el Senado y son una microscópica minoría en la Cámara de Representantes, en el Senado y en la Asamblea estatal.

Si no intentan ganar un puesto mediante este tipo de maniobras, no hay manera de que lo ganen en una elección regular. Esta es la sexta vez que Newsom enfrenta un intento de revocación.

La causa del predicamento actual es que en el estado de California coexiste la llamada ‘democracia directa’ con la ‘democracia representativa’.

La diferencia entre ambas es que en la democracia representativa el poder reside en el pueblo para elegir a sus representantes mediante el voto. En la democracia directa, el pueblo participa directamente en el ejercicio del poder mediante referendos, peticiones o revocación de mandato.

Es necesario abrir un debate para revisar si la democracia directa está cumpliendo su propósito o si se ha prostituido.

En 1977, cuando yo me establecí en California, me maravilló constatar que los vecinos podían deshacerse de un negocio indeseable en su barrio mediante su voto en un referendo.

A partir de entonces, mi ilusión fue declinando en función de los contenidos de cada propuesta. A veces, las proposiciones pedían aumentar impuestos, y otras, reducirlos. Unas abogaban por permitir la discriminación, y otras, por abolirla. También me tocó atestiguar cómo la fama de un actor de películas de acción acabó con la carrera política de un gobernador.

En esta ocasión, en la petición para revocar el mandato del gobernador veo una paradoja difícil de aceptar como un ejercicio democrático. ¿Cómo es posible –me pregunto– que un político que obtuvo el 61 por ciento de los votos en la elección de noviembre de 2018 pueda ser destituido a un año de terminar su mandato porque en abril de 2021, menos del 5 por ciento de la población del estado firmó una petición para revocarle el mandato?

Hoy pienso que el proceso de ‘democracia directa’, de ilustres orígenes en la Grecia clásica, en ciertos países se ha convertido en un instrumento que utilizan grupos de interés para avanzar causas no siempre legítimas. También abusan de él los partidos políticos que se saben incapaces de ganar escaños en elecciones regulares.

Entiendo que en países como Suiza, la democracia directa funciona de forma democrática, pero también veo cómo en México un presidente demagogo y populista como Andrés Manuel López Obrador ha hecho del referendo una aberración esperpéntica de altísimos costos.

Confío en que Newsom superará la trampa que los republicanos le han puesto en el camino. Mientras tanto, creo que es necesario abrir un debate para revisar si la democracia directa está cumpliendo su propósito o si se ha prostituido.

SERGIO MUÑOZ BATA

(Lea todas las columnas de Sergio Muñoz Bata en EL TIEMPO, aquí)

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