Las razones de Kaepernick y la sinrazón de Trump

Las razones de Kaepernick y la sinrazón de Trump

La repulsa al racismo de la mayoría de la gente sigue siendo insuficiente.

24 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

Este fin de semana fui al cine a ver 'Marshall', una película que narra la defensa que hicieron dos abogados, uno afroamericano, Thurgood Marshall, y otro judío, Samuel Friedman, de un chofer negro acusado de violar y secuestrar a su patrona, una mujer blanca rica.

Con todo en su contra (el juez le impidió a Marshall hablar en el juicio), los defensores demostraron la inocencia de su cliente en una corte de Greenwich, Connecticut, en el noreste de Estados Unidos. En esa época, como bien dijo el historiador W. E. B. DuBois, “la diferencia entre el norte y el sur en materia de segregación (era), en gran medida, una diferencia de grado”.

Salí del cine pensando que el trasfondo de las batallas de Marshall contra el racismo sigue teniendo actualidad en el siglo XXI. Es cierto que hoy ya no se lincha a los negros en los estados sureños. También, que los marineros en Los Ángeles hoy no se divierten apaleando a jóvenes latinos vestidos en sus zoot suit bajo la mirada complaciente de la policía. Hoy, los tribunales de justicia en gran parte del país no son deliberadamente racistas, aunque persisten los problemas de impartición de justicia por la mala representación legal de los pobres por todo el país. Hoy hay leyes que protegen a las personas de color de la discriminación abierta en temas de vivienda y trabajo, y ya un sector enorme de la población rechaza el racismo en todas sus manifestaciones.

La lucha contra la discriminación racial continuará porque hoy los atletas negros no toleran las humillaciones que el gran Jesse Owens tuvo que aceptar.

Sin embargo, la repulsa al racismo de la mayoría de la gente sigue siendo insuficiente. Tanto es así que, hace un poco más de un año, el quarterback de los 49ers de San Francisco, el afroamericano Colin Kaepernick, puso en riesgo su carrera al protestar por la brutalidad policiaca contra su comunidad, arrodillándose al oír las primeras notas del himno nacional y negándose a saludar la bandera. Días después, algunos de sus compañeros lo acompañaron en la protesta, pero hoy, Kaepernick no ha sido contratado para volver a jugar fútbol.

Su situación, sin embargo, podría cambiar gracias a otro de los arranques irracionales a los que nos tiene acostumbrados Donald Trump, quien, para congraciarse con sus votantes, esos que esconden su racismo envolviéndose en la bandera nacional, insultó con palabras soeces a Kaepernick y sus compañeros, instó a los propietarios de los equipos a que los despidieran y exhortó a los aficionados a boicotear los partidos.

Afortunadamente, el tiro le salió por la culata porque sus insultos motivaron la solidaridad del gremio, incluyendo a varios dueños de equipos y una multitud de atletas que se unieron para desafiar a un presidente que desprecia la libertad de expresión.

¿Cuál será el desenlace de esta situación? No lo sé. En el pasado ya ha habido deportistas negros que públicamente manifestaron su repudio al racismo, y, aunque no han logrado erradicarlo, no cabe duda de que han contribuido a crear conciencia del problema.

En 1967, Mohamed Alí fue sentenciado a 5 años de cárcel por negarse a cumplir el servicio militar alegando en su defensa que el Viet Cong no lo llamaba "nigger". Alí Nunca cumplió su condena porque el Tribunal Supremo lo reconoció como objetor de conciencia. En 1968, durante la Olimpiada en México, John Carlos y Tommie Smith levantaron sus puños con guantes negros para protestar contra la injusticia racial en Estados Unidos.

La lucha contra la discriminación racial continuará porque hoy los atletas negros no toleran las humillaciones que el gran Jesse Owens tuvo que aceptar. En Nueva York, en 1936, después del desfile en el que se que celebraban sus 4 medallas de oro en las Olimpiadas de Berlín, presididas por Hitler, al héroe de Norteamérica se lo obligó a usar el elevador de carga del hotel Waldorf Astoria para ir a la ceremonia en la que él era el invitado de honor.

SERGIO MUÑOZ BATA

Columnistas

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