La Amazonia es patrimonio de la humanidad

La Amazonia es patrimonio de la humanidad

La protección del medio ambiente y la defensa de los derechos humanos son obligaciones universales.

26 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

Entre 2005 y 2012, el Gobierno y la ciudadanía brasileña unieron fuerzas para reducir la deforestación de la Amazonia, que amenazaba con destruir el pulmón del mundo.

Además de proteger la selva de la tala ilegal con las nuevas políticas ambientales, se crearon nuevas áreas de conservación, se incrementaron las medidas de monitoreo y se les quitaron los créditos públicos a productores rurales que fueran capturados intentando derribar áreas protegidas. El resultado del esfuerzo fue sorprendentemente exitoso y benefició aproximadamente al 80 por ciento de la superficie amazónica brasileña. El gozo, sin embargo, duró poco tiempo.

Para 2014, con la caída de la economía brasileña resurgieron con fuerza los grupos de taladores ilegales y de rancheros ambiciosos que, violando las leyes de protección del medio ambiente que se habían implementado, reanudaron la destrucción de la Amazonia.

La verdadera tragedia, sin embargo, empezó a partir del 1.º de enero de 2019, cuando Jair Bolsonaro asumió a la presidencia del gigante suramericano. Gracias a sus irresponsables acciones y desafortunadas declaraciones, la deforestación de la Amazonia, la quema intencional de selva y la relajación de las leyes ambientales regresaron con más fuerza que nunca.

La verdadera tragedia, sin embargo, empezó a partir del 1.º de enero de 2019, cuando Jair Bolsonaro asumió a la presidencia del gigante suramericano

Argumentando que Brasil debería alcanzar un desarrollo económico similar al de Japón si tan solo se eliminaran las reservaciones donde viven las tribus indígenas y desaparecieran las leyes ambientales que protegen la integridad de la Amazonia, Bolsonaro ha relajado leyes que impedían la minería en tierras indígenas, ha cuestionado los datos sobre deforestación que le proporcionaba el Instituto Nacional de Investigaciones y destituido a su director por divulgarlos. También ha anunciado su intención de resucitar proyectos hidroeléctricos que anteriormente se cancelaron por sus efectos nocivos sobre el medio ambiente.

En los ocho primeros meses del año se han producido casi un 84 por ciento más de incendios que en el mismo periodo de 2018, el ritmo más alto desde que comenzó la medición en 2013. En lo que va del año, Brasil ha sufrido 72.843 focos, más de la mitad de ellos en la región amazónica.

La cuenca del Amazonas abarca 7,4 millones de kilómetros cuadrados y se extiende por Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana Francesa, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela, ocupando el 40 por ciento de América Latina. Contiene 30.000 tipos de plantas, 2.500 especies de peces, 1.500 de aves, 500 de mamíferos, 550 de reptiles y 2,5 millones de insectos.

Sus ríos proporcionan el 20 por ciento del agua dulce no congelada de la tierra. Absorbe y almacena millones de toneladas de CO2, con lo que ayuda a regular el calentamiento global. Tiene una población de 34 millones de personas, y por lo menos 60 de 420 tribus viven en total aislamiento. Bolsonaro se ha referido a ellos como parte de un “zoológico humano”.

En los últimos 50 años, casi el 20 por ciento de la selva ha desaparecido; y desde que Bolsonaro tomó el poder, la tasa de deforestación medida en julio fue casi cuatro veces mayor, y la tala de la selva aumentó 278 por ciento respecto a 2018.

Ante las críticas de ambientalistas, jefes de gobierno europeos y jóvenes que demandan un futuro sin contaminación ambiental, el ministro del Medio Ambiente de Brasil, Ricardo Salles, dice que es una “bobada” decir que “el Amazonas pertenece a la humanidad. El Amazonas no es el pulmón del mundo... es patrimonio brasileño, y nosotros tenemos la soberanía sobre la Amazonia”.

Tanto la protección del medio ambiente como la defensa de los derechos humanos son obligaciones universales que no pueden depender del arbitrario juicio de un hombre que se ha distinguido por declaraciones misóginas, machistas, homofóbicas, racistas que conforman el perfil de un aspirante a genocida.

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