Francisco y la pena de muerte

Francisco y la pena de muerte

La redención es un concepto clave para la Iglesia católica, otras religiones y el humanismo laico.

07 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

Celebro la reciente decisión del papa Francisco de modificar el catecismo católico declarando inadmisible la pena de muerte y de adjudicarse el compromiso de luchar por su abolición en todo el mundo, no por la compasión que me pueda provocar un asesino.

La aplaudo y la comparto porque “atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”, una dignidad “que no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves”, como dijo Francisco. Coincido con su decisión, sobre todo porque creo que la pena de muerte cancela la posibilidad de la redención del individuo. Y sostengo que la redención es un concepto clave para la Iglesia católica, otras religiones y para el humanismo laico.

Redimir significa no solo dar por terminado un castigo, sino rescatar a un ser humano de su propio infierno y darle una oportunidad de enmienda. Es también una oportunidad para enmendar el rumbo de instituciones que en algún momento de su historia han fallado. El papa Francisco ha entendido que para redimir se requiere un redentor que defienda la dignidad del ser humano, y yo pienso que al hacerlo se propone también redimir una Iglesia católica que a sus momentos de gloria del pasado debe añadir períodos de vergüenza y oprobio.

Creo firmemente en la posibilidad de redención, reforma y reinserción en la sociedad de un ser humano transformado. 

En la época medieval, la Iglesia católica no solo justificaba la pena de muerte, sino que instrumentaba ejecuciones masivas a través del Tribunal de la Santa Inquisición contra quien no profesara la fe católica. En Alemania, por ejemplo, la Inquisición ordenó la ejecución de más de 25.000 herejes y ‘brujas’; se calcula que en España hubo entre 5.000 y 10.000 víctimas; y en la nueva España, ahora que se han revisado las cifras reales, se habla de cientos de ajusticiados durante los 350 años de existencia del tribunal.

El debate sobre la pena de muerte en la Iglesia católica es muy antiguo. Hay textos en el Antiguo y en el Nuevo Testamento que justifican la ejecución de los asesinos, y testimonios de grandes teólogos como San Agustín, San Ambrosio y Santo Tomás que refrendan la legitimidad moral y legal del letal castigo.

A mediados del siglo XX, sin embargo, la Iglesia católica empezó a dar un giro hacia la modernidad. En 1969, Pablo VI eliminó el estatuto de la pena capital de la legislación del Vaticano; en 1995, en su encíclica Evangelium Vitae, Juan Pablo II declaró que la pena de muerte era fundamentalmente innecesaria. Y en 2011, Benedicto se unió a la causa: 'No hay justicia sin vida', que promovía la eliminación de la pena capital.

En el continente americano, 20 países han abolido la pena de muerte y 16 la mantienen. En Estados Unidos, en los últimos 45 años, 1.479 personas, en su mayoría negros y pobres, han sido ejecutadas, y 162 terminaron siendo exoneradas, en su mayoría por demostrarse su inocencia.

Los principales argumentos de los defensores de la pena de muerte son dos, a cual más espurios. Sostienen que tiene un poder disuasivo en la mente de quien va a cometer un crimen y que su muerte elimina un peligro latente para la sociedad. ¿Imagina usted a alguien arrepintiéndose de su crimen al pensar que el castigo puede ser su propia muerte? Tampoco me convence el segundo argumento, porque una larga condena cumple el mismo propósito.

Creo firmemente en la posibilidad de redención, reforma y reinserción en la sociedad de un ser humano transformado, y pienso que quienes abogan por la pena de muerte creen en la justicia retributiva tipo la ley del talión, que prescribe ojo por ojo, diente por diente. Si ese fuera el caso, parecería que con el transcurso de los siglos no ha habido progreso, que seguimos viviendo en la época en la que la ley vigente era la Blutrache, como se la conocía en Alemania, o la vendetta en Italia, es decir, en la venganza de sangre.

SERGIO MUÑOZ BATA

Columnistas

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