Explota la betomanía

Explota la betomanía

O’Rourke se destaca por su decencia, cualidad que contrasta con la antipatía del actual presidente.

18 de marzo 2019 , 07:00 p.m.

La betomanía invade el espacio político de Estados Unidos. En las 24 horas posteriores al anuncio de su candidatura a la presidencia del país por el Partido Demócrata, las búsquedas sobre su persona en Google superaron, por mucho margen, las de los cuatro candidatos punteros, Joe Biden, Bernie Sanders, Elizabeth Warren y Kamala Harris combinados. De El Paso, Texas, a Keokuk, Iowa; de Los Ángeles a Nueva York, de Washington D. C. a Seattle, Washington, la imagen de Beto O’Rourke satura hoy los medios de comunicación nacionales e internacionales.

La célebre conductora de televisión Oprah Winfrey ya lo comparó con Robert Kennedy en su popular programa, y la revista Vanity Fair ya le dedicó la portada. Y esto apenas empieza.

Su historial es breve. Sus 12 años en la Cámara de Representantes le sirvieron para forjar una buena reputación en su Texas natal, pero no lo proyectaron a escala nacional. Su nombre empezó a sonar con fuerza en 2018, cuando se enfrentó a lo que parecía imposible: ganarle una senaduría al actual titular, Ted Cruz, en un estado conservador y republicano.

En la historia de este país, solo dos personas han llegado a la presidencia desde la Cámara de Representantes. Lo bueno para Beto es que una de ellas fue Abraham Lincoln.

No pudo. Perdió por la mínima diferencia, pero fue una derrota heroica que todavía hoy tiene resonancia. Durante su campaña visitó los 254 condados del estado de Texas, incluyendo aquellos que votaron masivamente (96 por ciento) por Trump en la elección presidencial.

Y su empeño rindió frutos al ganar por amplio margen en los cuatro grandes centros urbanos del estado: Dallas, Houston, Austin y San Antonio. Lo más relevante, sin embargo, fue que en esa elección, el voto aumentó en casi 4 millones en relación con la elección intermedia anterior, y los observadores atribuyen la afluencia de nuevos votantes a Beto.

FiveThirtyEight, el sitio en la red creado por Nate Silver, sugiere que con Beto funcionó el woke whitness factor, el principio que permite que un candidato blanco progresista pueda decir y hacer cosas que un candidato perteneciente a una minoría no podría decir ni hacer.

Beto obtuvo el 69 por ciento del voto latino, compitiendo contra un candidato republicano de nombre latino, el 90 por ciento del voto negro, el 54 por ciento del voto de las mujeres, el 69 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 29 años de edad, y del 31 por ciento de hombres blancos. No obstante el nombre, Beto no es latino, es norteamericano de origen irlandés, pero habla español con soltura.

Otro factor interesante para medir la posible viabilidad de su candidatura actual es su enorme destreza para recaudar fondos. En 2018, de los 80 millones de dólares que obtuvo para su campaña al Senado, casi la mitad provino de donaciones de 200 dólares o menos y un 20 por ciento del total fueron donaciones fuera del estado de Texas. No aceptó donaciones corporativas ni de los llamados Pacs, grupos de intereses especiales.

Todavía es demasiado temprano para saber si su candidatura presidencial llegará a buen fin, y sus detractores subrayan su relativa falta de experiencia política. En la historia de este país, solo dos personas han llegado a la presidencia desde la Cámara de Representantes. Lo bueno para Beto es que una de ellas fue Abraham Lincoln.

El escrutinio apenas empieza, y es muy posible que además del pecadillo de juventud que ya él hizo público hace tiempo –una infracción por manejar con aliento alcohólico cuando tenía 26 años–, salgan otros.

Habrá que ver si cuenta con un equipo de campaña competente, aunque se rumora que miembros del equipo de Obama, con el que arrasó en 2008 y 2012, ya han entrado en comunicación con él.

Para mí, Beto se destaca por su decencia, su frescura juvenil, su compasión, su optimismo, su sinceridad, su sentido del humor, su modestia y su inteligencia. Cualidades que contrastan con la indecencia, la antipatía, la brutalidad, la amargura, el negativismo y la arrogancia del actual presidente.

Columnistas

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