España en su laberinto

España en su laberinto

¿Tiene salida el laberinto en el que españoles y catalanes se han metido desde hace siglos?

21 de octubre 2019 , 07:00 p.m.

Entre multitudinarias marchas pacíficas e intolerables actos vandálicos, Cataluña entra en su segunda semana de protestas en Barcelona por la sentencia del Tribunal Supremo de España contra 12 de los líderes del ilegal movimiento independentista catalán encarcelados por el delito de sedición, otros por malversación de fondos y otros por desobediencia.

A diario han sucedido episodios violentos perpetrados por agitadores, anarquistas, ‘revolucionarios’ e indignados, que atacan a la policía, vandalizan comercios, incendian contenedores de basura, destruyen aparadores, lanzan cocteles molotov, bloquean vías ferroviarias y carreteras, y, sobre todo, desprestigian la causa de un número indeterminado de ciudadanos que pacíficamente exigen la independencia de Cataluña.

Al otro lado del espectro político, el Gobierno en funciones, los partidos políticos constitucionalistas y la inmensa mayoría de los ciudadanos españoles responden que la Constitución española, que fue aprobada por las Cortes, ratificada por el pueblo español en un referendo y sancionada por el rey Juan Carlos en 1978, establece la “indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

A la fecha, nadie sabe qué porcentaje de los catalanes quieren la independencia. Lo que sí se sabe con certeza es que Cataluña está fatalmente dividida en dos bandos aparentemente iguales

La crisis actual empezó el 1.º de octubre de 2017, cuando un grupo de políticos catalanes decidieron, unilateralmente, convocar un referendo por la independencia declarado ilegal y suspendido por el Tribunal Constitucional. Además del sinfín de irregularidades registradas durante la celebración del referendo, sus datos enturbiaron más el asunto. La opción por la independencia obtuvo el 90 por ciento de los votos, pero en la consulta solo participó el 43 por ciento de los votantes.

A la fecha, nadie sabe qué porcentaje de los catalanes quieren la independencia. Lo que sí se sabe con certeza es que Cataluña está fatalmente dividida en dos bandos aparentemente iguales y que cualquiera que fuera el resultado de una nueva votación, la mitad de los catalanes quedarían inconformes.

Este conflicto no es nuevo. Empezó, quizá, hacia 1640, cuando Cataluña fracasó en su rebelión contra la política de centralización del reino de Castilla y Aragón. El desencuentro se fortaleció con el advenimiento, en 1700, de la dinastía Borbón, que impuso en España un modelo de Estado centralizado al estilo francés, con el objetivo de eliminar las diferencias regionales y concentrar en Madrid las decisiones económicas y políticas sobre toda España, incluyendo a Barcelona.

A mediados del siglo XIX, el éxito económico de Cataluña era la envidia de España, al contribuir con más del 22 por ciento al sector industrial del país. Y ya a principios del siglo XX, Enric Prat de la Riba, el teórico del catalanismo, escribía: “Los catalanes son españoles que quieren construir una España diferente. Cataluña tiene una misión imperialista cuyo marco son los pueblos ibéricos desde Lisboa hasta el Ródano... España es una palabra, no existe como nación”.

De entonces a la fecha, las tensiones se han agudizado y las preguntas se han multiplicado: ¿tiene Cataluña el derecho a separarse de España? ¿Legalmente? ¿Moralmente? ¿Tienen los catalanes derecho a la autodeterminación? Preguntas difíciles de responder.

Si la mayoría de los catalanes favorecieran la secesión, entonces tendrían el derecho moral a separarse. El problema es que esto no lo sabemos, y no podremos saberlo porque la Constitución no permite un referendo unilateral. El derecho internacional es neutral respecto a la secesión, pero la ley en España dicta un claro y rotundo no.

¿Tiene salida el laberinto en el que españoles y catalanes se han metido?

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