El ‘talibán americano’ en su encrucijada

El ‘talibán americano’ en su encrucijada

Más de mil Yihadistas de 50 países, sus esposas y sus hijos siguen presos en campos de refugiados.

27 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

La reciente liberación del llamado ‘talibán estadounidense’, John Walker Lindh, tres años antes de cumplir la condena de 20 años a la que fue sentenciado, ha creado una controversia de repercusión mundial.

Para el secretario de Estado, Mike Pompeo, dejarlo en libertad fue un acto “inmoral”. Para el padre de John Walker, su hijo es un ratón de biblioteca interesado en el islam, encarcelado por razones políticas.

Las visiones de quienes han seguido su trayectoria también son encontradas: para unos es un erudito investigador y para otros, un terrorista incorregible.

Según el escritor, explorador, aventurero, periodista y documentalista canadiense-americano Robert Young Pelton, reconocido por sus reportajes en Lugares peligrosos, y quien estuvo presente el día que el ejército estadounidense capturó al ‘talibán’ en Afganistán, “Lindh es un psicópata asociado a un grupo criminal dedicado a matar americanos y musulmanes, y, desafortunadamente, todo indica que sus obsesiones no han variado”.

Para el escritor John Wray, el destino quiso que el día de su captura, Lindh estuviera en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Un año antes del ataque terrorista contra las Torres Gemelas, Lindh fue a estudiar árabe a Yemen y a Afganistán, donde se vio atrapado en la guerra civil entre los talibanes y la Alianza del Norte. Aunque, asegura su abogado, intentó oponerse a Estados Unidos, tampoco pudo escapar nunca de Afganistán.

En noviembre de 2001, cuando Lindh estaba en la cárcel junto a cientos de soldados talibanes, el ejército de Estados Unidos lo identificó, lo repatrió, y de inmediato la opinión pública lo juzgó con severidad.

Lindh nació en 1981 en los suburbios de San Francisco en una familia de clase media alta. Criado católico, se convirtió al islam a los 16 años. Y aunque sigue siendo fiel al islam, en 2002 declaró: “Si hubiera sabido lo que ahora sé sobre el talibán, nunca me habría asociado con ellos”.

Quienes se oponen a su liberación temen que pueda convertirse en uno de los llamados ‘lobos solitarios’, que en cualquier momento podrían cometer un acto terrorista. Pero hay otros que opinan que si ya cumplió su sentencia, tiene derecho a rehacer su vida en libertad. Una libertad muy condicionada que, por ejemplo, le impide acceder a internet, salvo con un permiso especial y bajo vigilancia. Tampoco puede viajar libremente. De los 889 perseguidos por terrorismo en Estados Unidos, 476, incluyendo a Lindh, han sido liberados y la mayoría de ellos nunca cometieron un acto violento.

Pero el caso de Lindh no es único. Naciones Unidas calcula que más de 40.000 personas de 110 países se unieron a grupos terroristas en Siria e Irak: 30.000 hombres, 5.000 mujeres y 5.000 niños y niñas. No se sabe con exactitud cuántos murieron en combate, y muchos otros ya han sido repatriados a sus países de origen.

Sin embargo, hay por lo menos 800 combatientes, cientos de esposas y decenas de niños de 50 países que siguen en el limbo en campos de refugiados sirios e iraquíes. Y algunos países europeos se niegan a repatriarlos, ya sea por temor a que reincidan en sus actividades terroristas o porque la guerra los ha traumatizado y su reinserción puede ser problemática.

Entre los detenidos hay asesinos irredentos que degollaron a rehenes occidentales, pero también hay muchos que, como Lindh, quedaron atrapados en el torbellino de la guerra civil previa a la invasión o fueron obligados a combatir.

No obstante, la terrible realidad es que en ningún país occidental existe una política uniforme para decidir qué hacer con ellos, ni protocolos adecuados para prevenir la reincidencia ni programas para ayudar a las personas culpables de actos terroristas en el pasado a reinsertarse pacíficamente en sus países de nacimiento.

Sal de la rutina

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