El color de Banderas

El color de Banderas

Clasificaciones raciales en Estados Unidos le crean un problema de identidad al famoso actor español

20 de enero 2020 , 07:00 p.m.

La semana pasada, el anuncio de las nominaciones para el Óscar de la Academia de cine de Hollywood dejó atónita a la prensa española, y no sin razón, al clasificar a Antonio Banderas como un actor de color.

En El País, por ejemplo, al periodista Guillermo Alonso le pareció grave que dos revistas especializadas, Vanity Fair y el portal de cine Deadline, definieran a Banderas como no blanco, y se preguntó por qué a otros actores europeos, como Jonathan Price, Anthony Hopkins o, incluso, a Penélope Cruz no se los definía igual que a Banderas.

La pregunta es válida, pero en el Estados Unidos actual, donde hace tiempo vivimos el caos de la proliferación de clasificaciones étnicas, raciales y de género, y donde el lenguaje políticamente correcto sigue su marcha implacable, no hay respuesta coherente.

En 1977, recién llegado a los Ángeles, California, a hacer mi posgrado, a mí me tocó vivir una experiencia semejante cuando la empleada que recibía mi solicitud para inscribirme en la universidad me informó que racialmente yo no era blanco sino “latino”.

Me imagino que a Banderas (...)
la controversia le ha causado gracia porque, según mis fuentes, él se autodefine como latino/hispano/blanco/español/
europeo

Sorprendido, le pregunté qué significaba eso de ‘ser latino’, y me contestó que las personas como yo, de nombre español, éramos latinos. Le contesté que la palabra latino era una invención semántica y que, desde luego, no designaba una raza; le expliqué que toda mi vida, correcta o incorrectamente, me habían clasificado como biológicamente blanco. Le dije que si nos poníamos muy exigentes, quizá podríamos coincidir en que yo era mestizo. Ya un poco fastidiada, me contestó que ni ‘mestizo’ ni ‘mulato’ eran palabras aceptables. De nada valieron mis argumentos porque el censo y las reglas de la institución dictaban que alguien con nombre en castellano no podía ser blanco. Punto.

Unos días después del incidente, escuchando al dramaturgo rumano Eugene Ionesco entendí la naturaleza surrealista de mi experiencia cuando dijo este genial aforismo: “Tomad un círculo, acariciadlo y se volverá vicioso”. Ahí está la clave, me dije, la cuestión racial en Estados Unidos es un misterio tremendo y fascinante porque presenta un sinnúmero de variantes.

Eso sí, hay que ser justos y aceptar que ni Hollywood ni la prensa norteamericana tienen la culpa del enredo. Si hubiera que señalar algún culpable del embrollo, ese sería el Gobierno norteamericano, que ha venido estableciendo y cambiando las clasificaciones raciales del censo basado en consideraciones políticas.

En Estados Unidos, la clasificación racial empezó a finales del siglo XVIII para distinguir a los blancos de los negros esclavos. Señalando las diferencias entre ambos intentaba resolver la contradicción entre el derecho natural de los seres humanos a ser libre y la esclavitud. La división de la gente con base en su origen geográfico, sus facciones, el color de su piel obedeció a razones políticas del grupo dominante y sirvió para justificar un mejor trato a unos sobre otros.

A principios del siglo XX, los inmigrantes españoles, italianos, griegos, irlandeses o alemanes eran considerados menos blancos que los ingleses; hasta 1930, el censo en Estados Unidos consideraba blancos a los mexicanos y los japoneses.

A partir del año 2000, el Gobierno decidió que los estadounidenses podían ser de varias razas, y en los 70 y 80 el Censo incorporó algunas recomendaciones de los grupos proderechos civiles. Hoy, aunque el racismo persiste, la idea de la raza como concepto biológico está completamente desacreditada, entre otras causas por la movilidad de las personas y los procesos de mestizaje.

Me imagino que a Banderas, acostumbrado a representar a Zorro, Che Guevara o Pedro Almodóvar, la controversia le ha causado gracia porque, según mis fuentes, él se autodefine como latino/hispano/blanco/español/europeo.

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.