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Adiós y gracias, Angela Merkel

Adiós y gracias, Angela Merkel

Debemos agradecer la claridad moral de una mujer excepcional que ha sido ejemplo para todo el mundo.

20 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

¿Cuánto dura un aplauso? Me pregunté, al leer, asombrado, que el Parlamento alemán ovacionó a Angela Merkel durante seis minutos al terminar el que pudo haber sido el último discurso de la canciller en ese recinto.

(Lea además: Los abusos de la democracia directa)

¿Qué dijo Merkel para que los miembros de su partido y los de la oposición le aclamaran durante tanto tiempo? En promedio, un aplauso dura entre 10 y 20 segundos. Ocasionalmente se excede al minuto. Seis minutos es algo excepcional.

Tratándose de Merkel, sin embargo, no fue una anomalía. Por el contrario. Era de esperarse como justo homenaje a su labor al frente de su país y de Europa. Han sido 16 años de estabilidad en tiempos de turbulencia, de armonía en una época hostil, un premio a su paciencia, tolerancia, humildad, honestidad. A su buen gobierno.

Este domingo, 26 de septiembre, los alemanes irán a las urnas y por primera vez desde 2005 el nombre de Angela Merkel no estará en la balota porque ella así lo decidió.
Como muy pocos políticos en el mundo (si es que ha habido alguno), Merkel entendió que la política es el arte del compromiso para que la gran mayoría de los ciudadanos se sienta representado en el gobierno.

Su carrera política debería servir como ejemplo paradigmático de cómo construir consensos preservando el Estado de derecho; de cómo trazar puentes entre liberales, conservadores, ambientalistas, comunistas, socialistas y democratacristianos; de cómo abogar por el bien común para brindarle prosperidad y estabilidad a su país.

De sus 16 años en el poder, la líder de un partido conservador, 12 de ellos gobernó en coalición con el Partido Social Demócrata, la izquierda democrática del país.

Han sido 16 años de estabilidad en tiempos de turbulencia, de armonía en una época hostil, un premio a su paciencia, tolerancia, humildad, honestidad.

Uno de los momentos estelares de su administración fue la lección que le dio al mundo cuando la guerra civil en Siria llevó a millones de personas a buscar refugio en Europa. Merkel mostró su ejemplar solidaridad con los desposeídos abriendo las fronteras de Alemania a más de un millón de refugiados. “Lo diré simplemente”, dijo Merkel en agosto de 2015, “Alemania es un país fuerte... podemos manejar esto”.

La reacción de la extrema derecha en Europa y en Estados Unidos fue escandalosa. Con su acostumbrada mala leche, Donald Trump falseó los datos y acusó a Merkel de haber propiciado un ascenso de la criminalidad en Alemania. En los siguientes cinco años, a la llegada de los inmigrantes, el crimen disminuyó considerablemente en todo el país, más de la mitad de los emigrados ya tenía trabajo y pagaba impuestos; más del 80 por ciento de los niños y jóvenes se sentían queridos en sus escuelas y miles aprendieron alemán y ahora estudian en universidades.

Quienes pronosticaron el desastre se equivocaron. El proceso de integración de los inmigrantes siguió su curso porque Merkel tuvo la visión que distingue a los grandes líderes de los políticos comunes y corrientes.

Más que su habilidad política, su temperamento flemático, su capacidad analítica, su austeridad o su inteligencia, para mí, la virtud cardinal de Merkel es su inquebrantable fibra moral.

Una entereza que se expresó en el discurso que pronunció en el campo de concentración de Auschwitz en diciembre de 2019.

“Estar hoy aquí y dirigirme a ustedes como canciller de la República Federal Alemana, no es nada fácil. Me agobia una profunda vergüenza por los bárbaros crímenes cometidos aquí por los alemanes. Por más duro que sea, en este lugar, el más representativo de los peores crímenes contra la humanidad, el silencio no debe ser nuestra respuesta. Este sitio nos obliga a mantener viva la memoria. Debemos recordar los crímenes que aquí se cometieron y nombrarlos claramente”.

Y nosotros debemos agradecer la claridad moral de una mujer excepcional que ha sido ejemplo para todo el mundo: adiós y gracias, Angela Merkel.

SERGIO MUÑOZ BATA

(Lea todas las columnas de Sergio Muñoz Bata en EL TIEMPO, aquí)

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