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Salud pública y pandemias

Salud pública y pandemias

Colombia ha salido relativamente bien librada del covid-19, a pesar de la tardanza en la vacunación.

08 de enero 2022 , 10:29 p. m.

Historiadores han llegado a la conclusión de que la pandemia de 1918 resultó más letal que la de 2020-2021, al fallecer entonces 52 millones de personas, frente a los 5,5 millones de la actual. En Estados Unidos murieron entonces 1,8 millones, frente a 800.000 actuales. Un dato inadvertido es que un siglo atrás, 95 % de los fallecidos tenían menos de 65 años, mientras que ahora solo 10 % de los fallecidos eran relativamente jóvenes (Lewis, 2021, ‘The Premonition’). Esto explica por qué la pandemia de entonces redujo sustancialmente la esperanza de vida. Sin embargo, ha sido un hecho histórico que en EE. UU. dicha esperanza de vida haya continuado descendiendo, desde 2016, agravada por efectos de la drogadicción.

Colombia ha salido relativamente bien librada del covid-19, a pesar de la tardanza en la vacunación. Se acumularon ya 129.000 fallecidos, lo que implica una tasa de 2.600 por cada 100.000 habitantes, similar a la de EE. UU., pero muy inferior a la de 6.000 en Perú o a la de 3.000 en Brasil. Empero, no resulta tan favorable nuestro desempeño al compararlo con tasas inferiores a 2.000, en Chile y España, o 1.500 en Suecia, tras su inmunidad de rebaño al natural.

La doble vacunación en Colombia tan solo se aceleró del 16 % en junio al 55 % en diciembre de 2021, frente al 70 % en países desarrollados. Esto señala que aún nos queda una importante tarea de gestión en salud pública frente a variantes covid, cuyo éxito dependerá de una fortificación institucional. Esta ha venido dando señales encontradas.

La salud pública preventiva mostraba graves fallas, dejadas por la Ley 100 de 1993, pues el nivel territorial carece de planeación y dineros requeridos para ello. Pero en el ámbito curativo, las EPS e IPC han mostrado aceptables resultados en el comparativo con América Latina, tras importantes afinamientos en planes básicos y mayores asignaciones presupuestales. El problema es que en la última década el sistema de salud ha transitado de relativamente barato (8 % del PIB) a uno costoso (9 % del PIB), donde las afugias fiscales resultantes del bajo recaudo (14 % del PIB) podrían comprometer dichos logros.

La incertidumbre ambiental y de salud pública puso a la defensiva a sistemas de salud mejor dotados, incluyendo el Reino Unido y España. En EE. UU. se hizo evidente la fragilidad de los sistemas públicos de salud, donde la ‘estrella’ resultó siendo la caótica California al recurrir a ‘prueba y error’ en materia de confinamientos y detección de contagios. Pero ella edificó sobre aprendizajes antituberculosis en oleadas provenientes de inmigrantes de México.

El nuevo Gobierno de Colombia deberá aplicarse en 2022-2026, como el que más, en planeación de salud pública para evitar que se extiendan los daños sociales resultantes del covid en pobreza (casi al 50 % de la población), alzas en desnutrición, ausencias laborales y detrimento en la calidad educativa. Los resultados de las pruebas Saber 11, recientemente divulgados, indican que ha continuado el estancamiento de la calidad educativa en Colombia, al llegarse solo a 250 puntos sobre 500, tras el máximo histórico alcanzado de 260 en 2016. El objetivo del país de ‘Colombia, la mejor educada de América Latina’ continúa siendo una quimera, y ojalá lográramos mantener los avances en los sistemas de salud pública, donde la presión de 2,5 millones de inmigrantes pobres se añade al desafío social y presupuestal.

Por último, la flaca defensa que hace el Gobierno sobre su error de haber reajustado el salario mínimo legal (s. m. l.) en 10 % para 2022, mencionando que ahora varios ítems están indexados al IPC y no al s. m. l., es realmente de tercer nivel frente a los evidentes daños en materia de desempleo e informalidad laboral. Téngase en cuenta, por ejemplo, el relevante dato de que ya un 25 % de los inmigrantes se habían vinculado a la Pila laboral, luego será vital monitorear su curso y evitar repetir tan craso error.

SERGIO CLAVIJO

(Lea todas las columnas de Sergio Clavijo en EL TIEMPO aquí).

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