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Inclusión financiera... a las buenas

Inclusión financiera... a las buenas

Continúa siendo esquiva aún en regiones supuestamente desarrolladas.

23 de octubre 2021 , 10:27 p. m.

En agosto de 2019, la Misión Mercado de Capitales divulgó su reporte, cuyo objetivo central se refería a mayor inclusión financiera. Para Colombia, con informalidad de 50 %, ello luce como loable, pues facilitaría la vida a estratos bajos accediendo a útiles servicios financieros a costo bajo razonable. Plomeros y carpinteros han duplicado su productividad disponiendo de celulares y aplicaciones, solucionando imprevistos con el toque de un botón.

Sin embargo, la inclusión financiera continúa siendo esquiva aún en regiones supuestamente desarrolladas. Hasta Biden asignó cuantiosas inversiones en banda ancha al sureste de Estados Unidos al percatarse, en pandemia, de que no existía allí la opción educativa virtual.

El proyecto de Ley 413 de 2021 (Cámara) acierta fortaleciendo a Minhacienda y al Banco de la República como reguladores del mercado de capitales y sistema de pagos. Allí se justifica, inclusive, su intervención para corregir “fallas del mercado” basadas en información objetiva. Igualmente, se hacen explícitos objetivos “ambientales, sociales y gobierno corporativo” para que el sector financiero impulse inversiones en índices con esos sellos de calidad. También se promueven emisiones accionarias flexibles para impulsar mercados nacientes.

Sin embargo, dicho proyecto tiene elementos inconvenientes respecto al objetivo de alcanzar sana inclusión financiera en lo relacionado con las entidades de giros que operan bajo el capítulo de “cuentas-portales”. Según Ley 1442 de 2011, actualmente esas entidades de giros están limitadas a operar bajo el expediente de giros en efectivo. Si se quiere hacer llegar dinero a fulanito, se le debe entregar en efectivo a la entidad que hará el giro y esta cobrará una suma por tal servicio. De forma muy rápida, al receptor se le entrega la suma en efectivo y sin que intervenga ningún tipo de apertura de cuentas de depósito.

También existe la opción de hacer llegar dinero a través de afectación de cuentas financieras, pero en este caso no intervienen las entidades de giro sino los canales bancarios, cuya competencia ha permitido bajar de forma significativa los costos de corretaje de estas operaciones.

Pero resulta que ahora ha surgido la extraña idea de permitirles a entidades de giro (actualmente sin vigilancia de la Superfinanciera) captar dinero del público. Esto bajo el supuesto de que ello ampliaría la competencia y reduciría costos al consumidor. Sin embargo, esto resultaría contraproducente por varias razones. La primera tiene que ver con el innecesario riesgo de captación del público sin el amparo de garantías (capital-bancario) y seguros (Fogafín). ¿’Remember’ el fiasco DMG captando bajo el amparo de simples tarjetas pre-pagadas?

La segunda razón que hace esto inconveniente es el “arbitraje regulatorio”. La propia Superfinanciera tendría serias dificultades fijando condiciones adecuadas (capital, liquidez, garantías y seguros) para establecer ese tipo de cuentas de giros, aun si inicialmente hablan los ponentes de asignarles encaje 100 %, para evitar convertirlos en bancos sin apropiado capital.

También existen en el proyecto figuras de “giros depósito” y “transferencias portal”, que de forma ingeniosa crean paralelismo bancario. Así, la idea de reducción de costos y supuesta competencia a manos de nuevas entidades de giro esconden incumplimientos prudenciales. Si algo nos ha dejado la profunda crisis pos-Lehman (2008-2013) es que debilidades prudenciales y de capital resultan ‘ex-post’ muy costosas de asumir.

Como el sistema de giros en Colombia no está roto y la competencia ha venido reduciendo los costos de corretaje, ensanchar la inclusión financiera pasa es por fortalecer las Sedpes y los corresponsables bancarios, al tiempo que las empresas de giro en efectivo continúan cumpliendo su papel actual.

SERGIO CLAVIJO

(Lea todas las columnas de Sergio Clavijo en EL TIEMPO, aquí).

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