El Centro Democrático y Bolsonaro

El Centro Democrático y Bolsonaro

Una posible victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, ¿también alegraría al presidente Duque?

14 de octubre 2018 , 11:52 p.m.

El pasado 7 de octubre, nadie esperaba que el candidato de la extrema derecha brasileña, Jair Bolsonaro, obtuviera casi 50 millones de votos: casi la mitad de los votos válidos y casi la tercera parte del censo electoral, el cual está compuesto por 147 millones de electores. Estuvo a punto de ganar en primera vuelta, algo que las encuestas no predijeron. Su intención de voto había vuelto a subir ocho días antes, después de que las mujeres salieran a las calles para oponerse a su candidatura.

Son varios factores los que explican que un gran número de brasileños se volcaran a las urnas a apoyar su candidatura: el meteórico ascenso del candidato de izquierda, Fernando Haddad, elegido apenas un mes antes para sustituir al expresidente Lula, el apoyo de las iglesias evangélicas y, sobre todo, el electorado de los partidos de centroderecha que, al percibir que sus candidatos no pasarían a segunda vuelta, decidieron apoyar a Bolsonaro. En efecto, los grandes perdedores de la jornada fueron los candidatos del establecimiento, Geraldo Alckmin y Henrique Meirelles.

El gran ganador fue el partido de Bolsonaro, el Partido Social Liberal (PSL), el más votado en la Cámara de Diputados: pasó de tener un solo diputado a tener 52. A pesar del ascenso de la extrema derecha, el Partido de los Trabajadores (PT) fue otro ganador: el encarcelamiento del expresidente Lula no impidió que Haddad pasara a segunda vuelta con 31 millones de votos.

¿Qué tendría que hacer Haddad para derrotar a Bolsonaro en la segunda vuelta? Además de buscar atraer al electorado de los demás partidos, Haddad tendrá que convencer a los abstencionistas: casi 30 millones de brasileños no votaron. Ciro Gomes, el tercer candidato más votado, quien obtuvo un poco más de 13 millones de votos, ya anunció su apoyo a Haddad. Pero este también tendrá que convencer al elector volátil, ese que a última hora decidió votar por Bolsonaro y cuyo voto será decisivo en la segunda vuelta.

Una de las estrategias es enfocarse en el debate económico. Haddad tendrá que demostrar que Bolsonaro no representa una alternativa al plan económico del actual presidente Michel Temer, sino que es su continuación y profundización. Bolsonaro hasta ahora no ha sido claro sobre su programa o proyecto de país, su campaña se ha centrado principalmente en diseminar un ‘discurso de odio’.

Los principales periódicos del mundo han calificado estas elecciones como atípicas, pues Bolsonaro, a pesar de llevar 28 años en política, se ha presentado como un ‘outsider’; ha criticado los grandes medios, razón por la cual ha impulsado su campaña en las redes sociales, principalmente a través de ‘fake news’ compartidas por WhatsApp; su discurso se ha caracterizado por ser un discurso de discriminación contra personas negras e indígenas, mujeres e integrantes de la comunidad LGBTI. Además, usa un lenguaje opuesto al políticamente correcto; así como a Trump, a Bolsonaro lo apoyan por “decir las cosas como son”.

Por eso, no causa sorpresa que la senadora del Centro Democrático María Fernanda Cabal, un día antes de las elecciones en Brasil, escribiera un trino alegrándose por la posible victoria de Bolsonaro. Al ser interpelada por Pedro Santos, la senadora Cabal negó las expresiones racistas, homofóbicas y misóginas atribuidas a Bolsonaro.

Bolsonaro no solo las ha dicho, también fue denunciado por haberlas dicho. En abril de este año, la procuradora general brasileña, Raquel Dodge, presentó una denuncia contra Bolsonaro por su discurso discriminatorio y racista. En el documento acusatorio están enunciadas algunas de sus frases célebres: “Tengo cinco hijos. Fueron cuatro hombres, en la quinta tuve un momento de debilidad y nació una mujer”; “Fui a un quilombo en el Dorado Paulista. El afrodescendiente más flaco pesaba siete arrobas. ¡No hacen nada! Creo que no sirven ni para procrear”; “No voy a ser hipócrita: prefiero que un hijo mío muera en un accidente a que aparezca con un bigotudo por ahí”; “No voy a combatir ni a discriminar, pero si veo dos hombres besándose en la calle, les pego”.

Además, en abril del 2016, Bolsonaro, quien en ese entonces era diputado, dedicó su voto a favor de la destitución de la expresidenta Dilma Rousseff a un torturador de la dictadura, el coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra. Cabe recordar que, durante la dictadura, Rousseff fue detenida y torturada.

Lo que causa sorpresa es que sean los copartidarios del actual presidente —quien ha invitado a todos los colombianos a “construir un gran pacto y a buscar las cosas que nos unen”— los que estén haciendo apología de proyectos políticos homofóbicos, racistas y misóginos, incompatibles con las supuestas premisas de este gobierno. Una posible victoria de Jair Bolsonaro en Brasil, ¿también alegraría al presidente Duque? Si sus copartidarios siguen haciendo estas apologías, tendremos que exigirle al presidente que rompa amarras con su partido o que entonces expulse a los apologistas.

SARA TUFANO

Columnistas

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