¿Ayuda humanitaria o estrategia política?

¿Ayuda humanitaria o estrategia política?

¿Pretenden ingresar ayuda humanitaria mientras le aplican unas sanciones que empeorarían su crisis?

05 de marzo 2019 , 07:00 p.m.

El pasado 14 de febrero fui invitada a ‘Semana en Vivo’ para analizar la visita del presidente Duque a la Casa Blanca y para interpretar su silencio ante la respuesta del presidente Trump a la pregunta sobre si estaría dispuesto a enviar tropas a Colombia. En esa ocasión afirmé que la ayuda humanitaria era en realidad una ayuda política al autoproclamado presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó. A través de esa ayuda se pretendía darle oxígeno político, pues a pesar de haberse autoproclamado presidente y de haber sido reconocido internacionalmente por varios países, hasta ahora Guaidó no ha ejercido ninguna función presidencial. Con esa ayuda también se buscaba generar una presión popular para fracturar a las fuerzas armadas venezolanas.

En el programa, el excandidato uribista a la alcaldía de Bogotá Samuel Hoyos dijo que yo estaba “politizando” la ayuda humanitaria y que esta no podía ser politizada. Sin embargo, los hechos políticos del 23 de febrero confirmaron que quienes realmente le han dado un carácter político a esa ayuda han sido los Estados Unidos y su principal aliado, el Gobierno colombiano.

La visión que tiene el uribismo sobre la crisis venezolana se puede clasificar, sin ambages, como propaganda.

Es contradictorio pretender ingresar una ayuda humanitaria y simultáneamente asfixiar económicamente a un país hasta llevar a su población a la inanición. Hace un mes, los economistas Francisco Rodríguez y Jeffrey D. Sachs publicaron un artículo en ‘The New York Times’ en el que afirmaron que las sanciones de Estados Unidos a Venezuela le costarían 11.000 millones de dólares y que es “probable que el resultado sea una catástrofe económica y humanitaria de una dimensión nunca antes vista en nuestro hemisferio”.

Es decir, ¿insisten en emplear el término ayuda humanitaria mientras le aplican a Venezuela unas sanciones que empeorarían gravemente su crisis humanitaria? ¿No estaríamos ante una clara manipulación del término ‘humanitario’?

Fue precisamente el jefe de la delegación de la Cruz Roja en Colombia, Christoph Harnisch, quien reconoció, en una entrevista, que, efectivamente, existe una manipulación de ese término. Además, el pasado lunes 25 de febrero, la portavoz de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Maja Kocijancic, reiteró en un comunicado de prensa la posición de la Unión Europea con respecto a la situación en Venezuela — evitar una intervención militar—, y recordó cuáles debían ser los principios para la entrega de la ayuda humanitaria: humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia. Claramente, la ayuda de los Estados Unidos no cumple con estos criterios.

Y es que la visión que tiene el uribismo sobre la crisis venezolana se puede clasificar, sin ambages, como propaganda. La propaganda es una estrategia de persuasión que tiene el objetivo de influir en nuestras emociones y, en este caso, convencernos de que el régimen de Maduro es una amenaza para la estabilidad institucional colombiana, al tiempo que desconsidera cualquier otro análisis que tenga en cuenta las múltiples variables de la crisis. En el artículo de ‘The New York Times’ antes mencionado, los autores defienden la salida negociada a la crisis venezolana y afirman: “Por mucho que los enemigos de Maduro odien admitirlo y, de hecho, lo consideren repelente, el chavismo aún tiene peso político en la sociedad y entre los militares. Por lo tanto, recomendamos una solución mutua en vez de una lucha hasta la muerte”. Alguien que haga este tipo de afirmación en Colombia podría ser muy bien tildado de simpatizante de Maduro. Sin embargo, ninguno de los autores es chavista. Rodríguez, en particular, fue el asesor en temas económicos de Henri Falcón, uno de los rivales de Nicolás Maduro en las elecciones de mayo de 2018, pero entiende claramente cuáles serían las consecuencias de una intervención militar en Venezuela.

En cambio, para el Centro Democrático es difícil hacer este tipo de reconocimiento. Esta agrupación política de entrada niega cualquier tipo de negociación: decidió no negociar con el Eln, aun antes del atentado contra la Escuela de Cadetes de la Policía, y está desconociendo los esfuerzos que hizo el anterior gobierno para llegar a un acuerdo de paz con la otrora guerrilla de las Farc; es natural, entonces, que no privilegie la negociación para solucionar la crisis venezolana. Sin justificar el gobierno de Nicolás Maduro, negar que este cuenta con apoyo popular es como negar la existencia del conflicto armado en Colombia.

Es por esto que al Gobierno colombiano le va a costar mucho —en términos de popularidad— renunciar a su estrategia de ‘cerco diplomático’ y apoyar un esfuerzo serio de negociación. Esta visión restringida de la crisis venezolana sumada a la posición ambigua del Centro Democrático en relación con la opción de los Estados Unidos de “dejar todas las cartas sobre la mesa” es cada vez más arriesgada y podría, infelizmente, llevarnos a escenarios indeseables.

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.