Secciones
Síguenos en:
El centro político: ¿una casa con goteras?

El centro político: ¿una casa con goteras?

Izquierda ya no significa comunismo así como derecha ya no significa fascismo.

21 de noviembre 2021 , 11:08 p. m.

Quizás no haya mejor camino para definir el centro político que empezar por sus dos longevos enemigos: la izquierda y la derecha. Vale la pena aclarar, ante todo, que con el final de la Guerra Fría, ambas posturas evolucionaron para operar en el interior de las democracias capitalistas. De modo que izquierda ya no significa comunismo así como derecha ya no significa fascismo.

Pues bien, en la tarea por entender la izquierda y la derecha sugiero acudir a la siguiente metáfora. Supongan ustedes que cada nación es una casa con muros, pero sin techo. Supongan también que existen diversas posturas políticas y que cada una de estas tiene una visión diferente sobre cómo ha de ser construido. Pero, a su disposición, solo cuentan con dos vigas de madera, las cuales pueden inclinar tanto como crean necesario.

La primera viga representa el modelo económico. Al extremo izquierdo de esta se encuentra la regulación y al extremo derecho, la autonomía. Entre más se inclina la viga hacia la derecha, más se impulsa la oferta, más incentivos hay para la producción, más control sobre la inflación, más se estimula la llegada de los más calificados a los medios de producción y más eficiente se vuelve la economía. Pero, más aumenta la desigualdad, más monopolios se crean, menos se fomenta la llegada de grupos históricamente excluidos a los medios de producción, menos herramientas hay para sostener a los desempleados, menos posibilidades de movilidad social tienen los que están abajo y más coaptados quedan tanto los medios de producción como las tres ramas del poder por empresarios poderosos.

Entre más se inclina la viga hacia la izquierda más se impulsa la demanda, hay mayor igualdad, más herramientas tiene el Estado para asistir a los desempleados, más se fomenta la llegada de grupos históricamente excluidos a los medios de producción y hay mayor igualdad de condiciones en la competencia. Pero, menos incentivos para la llegada de los más calificados a los medios de producción, menos eficiente se vuelve la economía, menos producción, más inflación, mayor control de los cargos públicos por el Gobierno para asegurar su permanencia y más coaptados quedan tanto los medios de producción como las tres ramas del poder por el gobierno de turno.

La segunda viga es la del modelo de sociedad. Y esta es, paradójicamente exactamente opuesta: al extremo izquierdo se encuentra la autonomía y al extremo derecho, la regulación. Entre más se inclina esta viga a la derecha mayor monopolio tiene el estado de la fuerza. Pero, hay un mayor abuso de los derechos humanos, más restricciones al libre desarrollo de la personalidad y mayor presión por ajustar a los ciudadanos a modelos sociales determinados por la tradición.

Entre más se inclina la viga hacia la izquierda, más se asegura el libre desarrollo de la personalidad, mayores posibilidades tienen los ciudadanos de construir un sentido de vida por fuera de las tradiciones y más se reduce la segregación de grupos tradicionalmente oprimidos. Pero, más control pierde el estado sobre el monopolio de la fuerza y mayor conflicto se genera con quienes defienden la inclusión de los modelos sociales tradicionales a la política.

Ambas vigas pueden ser inclinadas hacia a diversos ángulos produciendo, a grandes rasgos, cuatro variedades de cubiertas: la izquierda, la centroizquierda, la centroderecha y la derecha. Y, ¿entonces, cuál es el centro?

El centro puro no existe, pues no solo se trata de una postura que se basa más en lo que ataca que en lo que defiende, sino que, además, cada decisión política (económica o social) implica una inclinación hacia la autonomía o la regulación; y la una, por gravedad, va en contravía de la otra. Al fin y al cabo, como bien saben los ingenieros versados como mi padre, un techo del todo plano siempre se llena de goteras; siempre debe tener una inclinación, por muy leve que esta sea.

SANTIAGO VARGAS ACEBEDO
En Twitter: @vargas_acebedo

(Lea todas las columnas de Santiago Vargas Acebedo en EL TIEMPO aquí).

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.