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Vargas Llosa y la barbarie de occidente

Vargas Llosa y la barbarie de occidente

El verdadero legado de Occidente no es la libertad, sino la imposición forzada de su propia versión.

13 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

El tono tan imperioso con el que Mario Vargas Llosa se refiere a Afganistán y al islam, en su más reciente columna del diario El País, es una reiteración de la superioridad moral con la que Occidente suele tratar a su contraparte; una superioridad moral que ha de ser puesta en tela de juicio, pues es, en gran medida, culpable por la dolorosa situación a la que se enfrenta, hoy por hoy, el pueblo afgano.

Para empezar, Vargas Llosa afirma que la libertad es un concepto inaugurado en Occidente e, incluso, sugiere que se trata de su gran legado al mundo. Sin embargo, como bien nos recuerda Nietzsche, la libertad es una palabra que significa algo diferente, dependiendo del contexto social desde el que se articule. Mientras que, en algunas culturas, libertad es sinónimo de pasión, en otras lo es de deber, de conocimiento o, incluso, de capricho. De modo que Occidente no inauguró la libertad, sino tan solo su propia versión. Por eso, la imposición de una noción de libertad desde una parte del mundo hacia otra no puede ser justificada moralmente; y mucho menos desde la perspectiva de la doctrina liberal que Vargas Llosa tanto se ufana de defender.
Sin embargo, la imposición sobre sus adversarios de una noción de libertad que deslegitima la ajena es, precisamente, el pilar de la civilización occidental.

Para no ir muy lejos, durante el siglo XVIII, los grandes pensadores de la Ilustración partieron del supuesto de que el individuo era ciego, ignorante y corrupto por naturaleza, y, por lo tanto, en palabras de Rousseau, había que “forzarlo a ser libre”. Pero forzar la libertad es mucho más que un oxímoron. El verdadero legado de Occidente al mundo no es la libertad, sino la imposición forzada de su propia versión.

Como bien nos enseñó el pensador poscolonial Edward Said, a la hora de construir un ideal de ser humano, un héroe, Occidente siempre ha necesitado de un antagonista, de un villano. Al fin y al cabo, Dios siempre necesitó del diablo para ser Dios, y la Madonna siempre necesitó de la puta para ser Madonna. Así que, al tiempo que se inventó a sí mismo, el occidental engendró al oriental: a ese ‘otro’ al que acusó de ser todo lo contrario de lo que él quería ser. Si quería venderse como civilizado, al oriental lo acusó de bárbaro; si quería venderse como serafín, al oriental lo acusó de feo; si quería venderse como un luchador en busca de la libertad, al oriental lo acusó de terrorista.

Basta con revisar la historia reciente de Afganistán para comprobar que lo que más ha radicalizado al fundamentalismo islámico han sido las invasiones occidentales.

De modo que Oriente no es una región geográfica; tampoco es una etnia ni, mucho menos, un conjunto de etnias. Oriente es el concepto que Occidente ha usado como antítesis para construir su propia identidad y para legitimar el mito de su superioridad moral. Bajo esta premisa, desde Occidente se ha justificado la colonización, la evangelización, el exterminio y hasta el terrorismo. ¡Las bombas que las fuerzas áreas norteamericanas lanzaron deliberadamente sobre la población civil afgana también fueron ataques terroristas!

Basta con revisar la historia reciente de Afganistán para comprobar que lo que más ha radicalizado al fundamentalismo islámico han sido las invasiones occidentales. De estas provienen tanto Al Qaeda como el Estado Islámico. De modo que los espeluznantes ataques que estos grupos han llevado a cabo también pesan sobre la prepotente conciencia de Occidente.

Lo más triste de todo es que Occidente ha triunfado en su tarea. Entre más trata al ‘otro’ de bárbaro, más bárbaro lo vuelve; más lo radicaliza. En otras palabras, hemos logrado engendrar, como si se tratara de un acto novelístico vargasllosiano, al bárbaro que siempre hemos necesitado para construir nuestra identidad ‘superior’. Y por eso, así este manchada de sangre, nuestra conciencia está tranquila: porque tenemos a ‘otro’ frente a quien sentirnos moralmente superiores. ¡Esa es la barbarie de Occidente! Quien no ha salido de la Edad Media no es Afganistán, como sugiere Vargas Llosa, sino Occidente, que sigue dividiendo al mundo entre bárbaros y civilizados.

SANTIAGO VARGAS 

(Lea todas las columnas de Santiago Vargas en EL TIEMPO, aquí)

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