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Raza, género y liberalismo

Raza, género y liberalismo

La TCR se ha convertido en uno de los factores de polarización en la política norteamericana.

25 de octubre 2021 , 08:00 p. m.

El próximo 2 de noviembre, en Estados Unidos se celebrarán elecciones gubernamentales y parlamentarias en algunos estados. Entre estos, llama particularmente la atención el caso de Virginia no solo porque las encuestas declaran un empate técnico entre McAuliffe (demócrata) y Youngkin (republicano), sino también porque varios analistas insisten en que será un presagio de las elecciones legislativas del 2022, cuando los demócratas se jugarán su mayoría en el Congreso.

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En Virginia, según los sondeos, hay más demócratas que republicanos. Esto, en pocas palabras, quiere decir que, para pintar el estado de rojo, los republicanos dependen de una alta asistencia de sus discípulos a las urnas. Para ello, como bien nos ha enseñado en Colombia el Centro Democrático, no hay mejor estrategia que llevar a la gente “a votar verraca”. Pues bien, el GOP parece haber aprendido la lección. Desde hace unos meses, varios republicanos vienen denunciando a los demócratas por promover la llamada ‘teoría crítica de la raza’ (TCR), una de las piedras angulares de Youngkin en la carrera por la gobernación de Virginia.

La TCR, en pocas palabras, afirma que la raza no es una realidad bilógica, sino un constructo social producto de la esclavitud. Al mismo tiempo, la TCR ha denunciado la culpabilidad de las legislaciones estatales en la perpetuación del racismo. Y, aunque goza de alta legitimad en círculos académicos, la TCR se ha convertido en uno de los más vigentes factores de polarización en la política norteamericana.

Recientemente, varias escuelas optaron por incluir elementos de la TCR en su pénsum académico con el propósito de enfrentar el racismo estructural que impera en el país, lo que ha desatado la ira de un grupo considerable de republicanos. Entre estos se encuentra, cómo no, Donald Trump, quien afirmó recientemente que la TCR es una “doctrina tóxica y venenosa de la izquierda”.

Estos, en suma, insisten en que se trata de una estrategia demócrata para culpabilizar a todos los blancos por el racismo y pretender dividir, así, a la sociedad norteamericana entre opresores y oprimidos. En respuesta, estados como Texas y Arizona han pasado leyes para prohibir la enseñanza de la TCR en sus colegios.

Insisten en que se trata de una estrategia demócrata para culpabilizar a todos los blancos por el racismo y pretender dividir, así, a la sociedad norteamericana entre opresores y oprimidos.

El debate no dista mucho del que tuvimos en Colombia hace unos años alrededor de la famosa ‘ideología de género’. En ambos casos, la molestia ha surgido de una fuente común: grupos vinculados a sectores religiosos, obreros y rurales que perciben las tesis liberales como un conjunto de ideas globalizadas, elitistas y urbanas que amenazan con destruir los valores tradicionales nacionales. Aunque se trata de un discurso lleno de verdades a medias, manipulado y comercializado por sectores conservadores, también es cierto que, al respecto, la respuesta desde el liberalismo ha sido considerablemente simplista: acusar a quienes toman dichas posturas de ignorantes. Y esta es, justamente, una de las raíces del problema.

En el marco de la globalización, los sectores liberales han insistido en acusar a los sectores religiosos, obreros y rurales de enemigos del desarrollo y la libertad. Como respuesta, el conservatismo ha capitalizado la situación con olfato y ha venido sumando a estos grupos a su proyecto político, resultando en calamidades como la elección de Donald Trump y la derrota de la paz en el plebiscito. Para empezar a contrarrestar estos discursos desde el liberalismo, el primer paso es dejar de tratar a estos sectores de ignorantes. No es en vano que, tanto en el caso colombiano como en el norteamericano, la molestia de estos grupos no haya sido contra las minorías, sino contras las llamadas ‘elites’ liberales. Solo al dar este paso podrá el liberalismo, cuyo pilar fundacional es el pluralismo salvo cuando de conservadores se trata, encaminarse hacia la integración de estos sectores a su proyecto político.

SANTIAGO VARGAS​@vargas_acebedo

(Lea todas las columnas de Santiago Vargas en EL TIEMPO, aquí)

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