¿Para qué sirven las ciencias sociales?

¿Para qué sirven las ciencias sociales?

Su tarea es remover los anuncios escritos con hisopos entintados impuestos por poderosos del pasado.

22 de febrero 2021 , 09:25 p. m.

Un día llegó a Macondo, escapando de la peste del insomnio, una india guajira llamada Visitación. A cambio de una mano con los oficios domésticos, los Buendía la recibieron en su casa. Sin embargo, Visitación se dio cuenta de que su escapatoria había sido en vano cuando se encontró a Rebeca Buendía despierta a medianoche con los ojos alumbrados. Visitación reconoció los síntomas de inmediato; la peste del insomnio había llegado a Macondo.

Al cabo de un par de semanas, se contagiaron los demás Buendía. Y, gracias a un negocio de animalitos de caramelo que Úrsula venía distribuyendo con éxito, todo el pueblo terminó infectado. Como Visitación le explicó a José Arcadio Buendía, el problema de la peste del insomnio no era la falta de sueño, sino el olvido. En efecto, con el tiempo, los habitantes de Macondo comenzaron a olvidar, uno a uno, los recuerdos de su infancia, el nombre de las cosas, la identidad de las personas y la conciencia del propio ser, hasta convertirse en una “idiotez sin pasado”.

José Arcadio fue el primero en ingeniarse una fórmula para contrarrestar el olvido. Con un hisopo entintado marcó cada cosa con su nombre y su función: “Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche”. También dispuso, en la entrada del pueblo, un anuncio que decía: ‘Dios existe’. Eventualmente, el gitano Melquiades rescató al pueblo del insomnio. Pero, mientras permanecieron sumidos en el olvido, los habitantes de Macondo estuvieron condenados a percibir el mundo –y a creer en la existencia de Dios–según el criterio de quien estaba al mando: José Arcadio Buendía. Y a eso mismo están condenadas las sociedades que prescinden de las ciencias sociales: a vivir según dictan los que están al mando.

Las diferentes instituciones y élites que han, de una u otra forma, ejercido control sobre la sociedad la han inundado con ‘avisos escritos con hisopos entintados’ que pretenden fijar, para cada cosa y grupo social, una identidad específica. La más sagrada de todas las escrituras, por ejemplo, se ha encargado de imponer una serie de avisos sobre todos aquellos considerados inmorales según el tiránico dictamen divino. Dice 1 Corintios 6:9-10: “No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes ni los estafadores heredarán el reino de Dios”.

Pero si analizamos con la lupa de las ciencias sociales cada uno de estos ‘avisos’, nos damos cuenta, entre otras cosas, de que el adulterio constituye una forma de resistencia ante el objetivo patriarcal de garantizar exclusividad reproductiva, de que los afeminados son un grupo de rebeldes que se niegan a obedecer los códigos de género impuestos por la tradición judeocristiana, de que los que se echan entre varones son el testimonio de las bendiciones y milagros que yacen tras el sexo sin fines reproductivos, de que los avaros ejercen tenacidad ante las intransigentes dinámicas del mercado y así sucesivamente. De hecho, una de las grandes virtudes de las ciencias sociales es redimir la injusticia cometida con aquellos que han sido violentamente desterrados de las tierras de la moral. Gracias a las ciencias sociales podemos gritar con ímpetu: ¡Que vivan los adúlteros y los afeminados! ¡Que vivan los avaros y los que se echan entre varones!

En pocas palabras, la tarea de las ciencias sociales debe ser remover, uno a uno, los ‘anuncios escritos con hisopos entintados’ impuestos por los poderosos del pasado. Sin las ciencias sociales, las sociedades están condenadas a la peste del insomnio; a ser una “idiotez sin pasado”.

Santiago Vargas Acebedo
santiago.vargas.acebedo@gmail.com

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