close
close
Secciones
Síguenos en:
Olímpicos: funerales y nacionalismo

Olímpicos: funerales y nacionalismo

¿Qué representa la versión moderna de los Juegos Olímpicos en un mundo globalizado?

09 de agosto 2021 , 08:00 p. m.

El canto XXIII de la Ilíada gira alrededor del funeral de Patroclo, compañero del más versado de los guerreros aqueos: Aquiles. Según nos cuenta Homero, si es que en efecto se trata de él, en los funerales de aquel entonces se acostumbraba a realizar juegos deportivos en honor a los difuntos caídos en combate. Jugar, por lo tanto, cumplía una función simbólica: recrear una batalla en la que los derrotados no mueren, sino pierden; es decir, mueren simbólicamente. En el funeral de Patroclo se realizaron, entre otras competencias, carreras, pugilato, combate con armas, tiro con arco, lanzamiento de disco y lanzamiento de jabalina.

Cuatro siglos después de la presunta ocasión del funeral de Patroclo, en el año 776 a. C., se celebraron los primeros Juegos Olímpicos de los que se tiene registro, compuestos mayoritariamente por deportes practicados en los funerales de antaño. En otras palabras, los Olímpicos son descendientes directos de un rito fúnebre. De ahí que una profunda relación entre el juego y el rito haya servido como base para la creación de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad. Estos, según el poeta griego Pindaro, se crearon en honor a la victoria de Zeus sobre Cronos: la batalla que da origen al orden social de la Antigua Grecia. Esto quiere decir, que los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, como los juegos fúnebres, fueron concebidos con la intención de recrear una batalla de manera simbólica.

Los Olímpicos de la Antigüedad se practicaron hasta el siglo IV a. C., cuando fueron prohibidos por rendir culto a dioses paganos. Por aquel entonces, el cristianismo ya se había consolidado como la religión oficial del Imperio romano, y era quizás difícil para un orden religioso fundado sobre el pecado original aceptar que el juego, una actividad libre de culpa, constituyera una forma legítima de rito. Dicho veto cristiano resultó, en gran medida, en el divorcio entre el juego y el rito que perdura hasta hoy en día, el cual erradicó el poder redentor con el que cuenta el juego para hacer más tolerable la muerte.

Cuando la prohibición de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad se acercaba a cumplir 1.500 años, el mundo fue testigo de su renacimiento. Por aquel entonces, corrían los últimos años del siglo XIX, tiempos en los que la globalización había ya dejado de ser una miedosa distopía y se había convertido en un inevitable destino. Resulta, por lo tanto, apenas justo preguntarse: ¿qué representa la versión moderna de los Juegos Olímpicos en un mundo globalizado?

La globalización es, al menos en términos culturales, sinónimo de homogenización. Entre más globalizado el mundo, más consumimos los mismos objetos culturales y, por lo mismo, más parecidos son los horarios que llevamos, las aspiraciones que anhelamos, la arquitectura que habitamos, los personajes que admiramos y demás. Sin embargo, como ya ha sido documentado por las ciencias sociales, la homogenización provocada por la globalización ha, en simultáneo, exacerbado la urgencia por diferenciarse del resto a través de la construcción de identidades, entre las que se destacan las de carácter nacional. Esto, en gran medida, explica el reciente auge del nacionalismo a nivel global. Y, claro está, no hay nada que subleve la construcción de identidad como la competencia. De manera que es precisamente en este contexto que surgen los Juegos Olímpicos modernos.

En otras palabras, mientras que en su versión original los Juegos Olímpicos cumplían una función simbólica, en el mundo moderno son un campo de batalla de las identidades nacionales que, a pesar de ser construcciones sociales, hemos llegado a sentir como propias. Por eso resuenan tanto declaraciones tan incómodas, pero tan ciertas, como la de Richard Carapaz, el pedalista ecuatoriano, quien, luego de tener una medalla de oro por primera vez entre sus manos, afirmó, con toda la razón, que la medalla le pertenece a él, no a su país.

SANTIAGO VARGAS
​@vargas_acebedo

Más de Santiago Vargas Acebedo

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.