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La socialdemocracia: crisis y auge simultáneos

La socialdemocracia: crisis y auge simultáneos

La nueva generación de jóvenes seguidores de esta tendencia se encuentra cada vez más distanciada.

08 de octubre 2021 , 08:00 p. m.

A finales del siglo XIX, Alemania fue testigo del nacimiento del Partido Obrero Socialdemócrata (POS), el primero en el mundo en levantarse sobre los pilares de la socialdemocracia. Al tiempo que se comprometía con la justicia social heredada del socialismo, el POS se distanciaba del marxismo clásico al reconocer al capitalismo como un régimen económico legítimo capaz, incluso, de resolver contrariedades como el desempleo y la pobreza. Por otro lado, mientras que el marxismo clásico denunciaba a la democracia como una fachada de la tiranía burguesa, la socialdemocracia la acogía como la única herramienta justificable a la hora de instaurar un orden político.(Lea además: Vargas Llosa y la barbarie de occidente)

A principios del siglo XX, el POS se convirtió en el partido mayoritario del Parlamento y, como consecuencia, la socialdemocracia se popularizó a lo largo del continente europeo. Y, tras el triunfo del Partido Socialdemócrata en las más recientes elecciones alemanas, es muy probable que la historia se repita.

En resumidas cuentas, a diferencia del marxismo, la socialdemocracia defiende la regulación, más no la expropiación, de los medios de producción; a diferencia del liberalismo clásico, insiste en dar ventajas a los grupos oprimidos en la libre competencia, y a diferencia de la economía de goteo, aboga por más subsidios a la demanda que a la oferta.

En sus orígenes, tales principios llevaron a los partidos socialdemócratas a convertirse en unos férreos defensores de la clase obrera. Pero el reconocimiento contemporáneo de formas de opresión ajenas a las clases sociales (e. g., raza, género, sexualidad) ha llevado a la socialdemocracia a incluir a nuevos grupos en la lista de sus protegidos. Esto, sumado al cada vez mayor ímpetu con el que los jóvenes exigen subsidios por parte del Estado, explica, en gran medida, el auge de la socialdemocracia entre las nuevas generaciones, lo cual ha resultado en la llegada al poder de un número considerable de partidos socialdemócratas. Al caso alemán se suman los de los países nórdicos, España e incuso la administración de Joe Biden, quien, a pesar ser elegido como moderado, ha demostrado estar del lado de la socialdemocracia cuando de subsidios al desempleo se trata.

Mientras que los titulares de prensa alrededor del mundo revelan cada vez más triunfos socialdemócratas, han sido noticia las repercusiones negativas.

Sin embargo, mientras que los titulares de prensa alrededor del mundo revelan cada vez más triunfos socialdemócratas, han sido noticia las repercusiones negativas que han traído consigo los generosos subsidios al desempleo otorgados según principios socialdemócratas por países como Estados Unidos y el Reino Unido. Ambos se han visto en notables aprietos a la hora de reducir sus tasas de desempleo, por una carencia no en la oferta, sino en la demanda, algo que suena casi disparatado para oídos del tercer mundo. En pocas palabras, muchos prefieren los subsidios al desempleo en lugar de trabajar.

Y este no es el único revés al que se enfrenta la socialdemocracia en la actualidad. La nueva generación de jóvenes seguidores de esta tendencia política se encuentra cada vez más distanciada de una columna vertebral de la socialdemocracia: el pluralismo. Mientras que se muestran tolerantes frente a minorías que cuentan con legitimidad social, como las raciales o las sexuales, exhiben una actitud opuesta frente a las que se encuentran en la otra orilla como es el caso de las religiosas. De modo que no se suprimen las relaciones de opresión, como pretendía la socialdemocracia, sino que se desplazan hacia nuevos grupos sociales.

Si el objetivo es forjar un nuevo orden político arraigado en la justicia social, es necesario, primero que todo, abandonar el pluralismo selectivo. Y si se pretende instaurar un Estado que garantice bienestar por medio de recursos que provengan de fuentes duraderas, es necesario alejarnos de subsidios al desempleo y dirigirnos hacia subsidios a la pobreza que pretendan no desmontar los medios de producción, sino asegurar igualdad de condiciones en la competencia y un mínimo social de dignidad.

SANTIAGO VARGAS

(Lea todas las columnas de Santiago Vargas en EL TIEMPO, aquí)

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