Secciones
Síguenos en:
En busca de un orden sagrado laico

En busca de un orden sagrado laico

La expulsión del orden sagrado ha impuesto una serie de lastres a nuestros días profanos.

En Las formas elementales de la vida religiosa, Émile Durkheim sugiere que todas las religiones parten de la división del cosmos en dos categorías: lo profano y lo sagrado. Al orden de lo profano pertenece la materia, mientras que al de lo sagrado, aquello que hemos dotado de propiedades sobrenaturales y, por lo tanto, trasciende el mundo material.

A pesar de ser antónimos, lo sagrado y lo profano no pueden quedar completamente incomunicados en los órdenes religiosos. De ser así, lo sagrado resultaría inútil para los nativos de las tierras profanas. Durkheim plantea que, precisamente para poner a dialogar estos dos mundos, las religiones determinan dos tipos de conductas: creencias y ritos. Las creencias, por un lado, son las representaciones que expresan la naturaleza de lo sagrado. Los ritos, por el otro, son las reglas que prescriben el comportamiento de los profanos en presencia de objetos sagrados. El pecado original es un ejemplo de lo primero, mientras que juntar los dedos de la mano derecha para golpear el apéndice xifoides, repitiendo ‘por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa’ es un ejemplo de lo segundo.

Las religiones, en gran medida, adquieren sentido gracias a la promesa que se les hace a los profanos de acceder algún día al orden sagrado; una promesa que, por lo general, solo puede concretarse con la muerte. En otras palabras, la creación de un orden sagrado también cumple el propósito de otorgarle un sentido a nuestra estadía profana, haciendo más llevaderas la inevitabilidad de la muerte y la incertidumbre de la vida.

Con respecto a la relación entre lo profano y lo sagrado, los triunfos de la Modernidad resultan agridulces. La Modernidad se caracteriza, entre otras cosas, por una fe exclusiva en la ciencia; esta última entendida como un conjunto de conocimientos cuya legitimidad recae sobre la verificación empírica. Sobre esta premisa, la Modernidad nos ha absuelto de predicar un orden sagrado impuesto por una religión específica. Pero, al mismo tiempo, ha desterrado de sus tierras modernas al orden sagrado, pues no hay dictamen alguno que, sobre este, pueda realizar la ciencia.

La expulsión del orden sagrado ha impuesto una serie de lastres a nuestros días profanos. Primero, las creencias y los ritos como la danza, cuyo propósito alguna vez fue dialogar con un orden sagrado para dotar de sentido al orden profano, se han convertido en puro espectáculo. Si en muchas culturas premodernas el arte solo tenía sentido si existía un orden sagrado con el cual establecer un diálogo, en la Modernidad solo tiene sentido si existe un público.

Segundo, en la era de la ciencia, la vida ha sido elevada al orden sagrado, y la muerte confinada a parajes profanos. La elevación de la vida al orden sagrado finge nobleza y, por lo tanto, debería suscitar en nosotros más querellas que laureles. Con esta disculpa, el orden social moderno nos ha arrebatado la propiedad sobre nuestra propia vida. La vida ya no nos pertenece, sino que pertenece a un orden social intangible que perpetúa, a su parecer, la vida de las personas, incluso si es en contra de su propia voluntad. Este orden social, hipócrita en la medida en la que exige respeto a la propiedad privada salvo cuando se trata de la vida, solo tolera la muerte cuando se hace en nombre de alguna de sus causas, como la guerra o el nacionalismo.

Si hemos de recuperar la propiedad sobre nuestras vidas y hacer más tolerable nuestra permanencia en tierras profanas, es necesario restablecer el diálogo con un orden sagrado. Pero este ha de construirse en nuestro ámbito privado, a través de la gesticulación de creencias y de ritos íntimos, lejos de las imposiciones tiránicas de cualquier religión. De lo contrario estaríamos despreciando el sudor y la sangre derramados en la victoria sobre el Oscurantismo.

Santiago Vargas Acebedo
santiago.vargas.acebedo@gmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.