Secciones
Síguenos en:
La revolución silenciosa de los matoneados

La revolución silenciosa de los matoneados

El matoneo es, realmente, una industria a la cual pertenecen numerosos actores.

16 de abril 2021 , 09:25 p. m.

A los doce años, el destino me había dictado una implacable sentencia. Estaba estrenando colegio, era miope, flaco, descoordinado y leía a Julio Verne en los recreos. No había de otra: el matoneo estaba escrito en mis cartas. Un día, durante un partido de fútbol del recreo de la media mañana, me topé con un valluno tres años mayor que yo; medía dos metros, alzaba pesas y le pegaba al balón con tanta fuerza que parecía tener miedo a sembrar dudas con respecto a su masculinidad. Desde que nos vimos, supimos que el destino nos aparearía: él sería mi matón y yo, su víctima perfecta. Para colmo de males, el matón se enteró de algo que yo mismo me tardaría casi diez años más en descubrir: de mi preferencia por Jacinto sobre Dafne. Así que ya se imaginarán el resto de la historia.

En las sociedades contemporáneas, la estrategia colectiva para vencer el matoneo ha girado alrededor de la tan contraproducente dupla prohibición–amonestación. Pero, como bien nos enseñó Freud, no hay un camino más directo al deseo que la prohibición, sobre todo cuando se trata de un niño. Además, la estrategia de la prohibición–amonestación peca de moralista, pues asume que los únicos responsables por el matoneo son los matones. Al contrario, el matoneo hace parte de la mezcla del cemento con la que se fundieron los pilares que sostienen a la civilización occidental. El matoneo es, realmente, una industria a la cual pertenecen numerosos actores de diferentes rangos que se encargan de producir y reproducir, de manera masiva, matones y matoneados.

En pocas palabras, el matoneo cumple la función de fijar jerarquías sociales. Es decir, que los matones se valen del matoneo para acceder a posiciones de liderazgo dentro de los grupos sociales, empleando el sufrimiento ajeno como capital social. Vale la pena, entonces, preguntarse: ¿no es, también, culpable por el matoneo el endiosamiento contemporáneo del liderazgo y el consecuente desprecio, no solo de los miembros del rebaño sino, sobre todo, de los que no tienen el mínimo interés por reclutar ni ser reclutados?

Al mismo tiempo, en la contemporaneidad, el matoneo opera sobre una línea, dibujada por el orden social, que diferencia a los ‘anormales’ de los ‘normales’. Al respecto, el matoneo cuenta con el oscuro poder de deformar la identidad de las personas. No solo logra vender, ante un grupo social, la idea de un individuo como ‘anormal’, sino que, además, es capaz de convencer al individuo mismo de su propia anomalía, aniquilando por completo su autoestima. De manera que los agentes encargados de ‘normalizar’ comportamientos son también partícipes de la industria del matoneo. Me refiero a Hollywood, ESPN, los videojuegos, los publicistas y demás canallas. Acaso ¿no se suele matonear a los que no tienen intereses en andar a golpes como inspiran los videojuegos, a los que prefieren el verbo revolver que un revólver, a Julio Verne sobre Cristiano Ronaldo y a los que no adquieren productos nuevos al ritmo que le gustaría al mercado?

Para nadie es un secreto que hay patrones con respecto a las víctimas y a los victimarios del matoneo. Los primeros son aquellos que han sido excluidos del orden social –homosexuales, afeminados, mujeres con la valentía de explorar su vida sexual, minorías étnicas, discapacitados, etc…–, mientras que los segundos son exactamente lo contrario. En otras palabras, el matoneo es la representación, por parte de los niños, de la opresión del mundo de los adultos.

Pero esto quiere decir, a la vez, que los matones (que tanto se ufanan de ser líderes) son, en realidad, ovejas que adoptan, con obediencia, las exigencias del statu quo, mientras que los matoneados son un grupo de revolucionarios que, con aguante y en silencio, se han rehusado a comportarse como dicta el orden social para ir, al contrario, en busca de la autenticidad.

Santiago Vargas Acebedo
santiago.vargas.acebedo@gmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.