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El plan secreto de la derecha

El plan secreto de la derecha

Hay que proteger la legitimidad de proyectos políticos que coinciden en la defensa de democracias.

21 de junio 2021 , 09:25 p. m.

Son cada vez más los militantes de la derecha colombiana que insisten en que la distinción entre izquierda y derecha no existe. Recientemente, por ejemplo, el exsenador y representante máximo de la ultraderecha colombiana, Álvaro Uribe, publicó la siguiente afirmación en su cuenta de Twitter: “Yo hace mucho rato dejé de pensar el mundo en función de izquierda o derecha, empecé a pensarlo en función de valores democráticos como la seguridad, la inversión, la política social, el equilibrio entre paz y justicia”. De manera que resulta apenas justo preguntarse: ¿qué pretende la derecha colombiana al opacar los linderos que la separan de la izquierda? La respuesta es sencilla: excluir a la izquierda como proyecto político del contrato social.

En pocas palabras, el contrato social que se formula en el interior de las democracias liberales —como lo es Colombia, a pesar de diversos tropiezos— se erige, como su nombre lo indica, sobre dos pilares. El primero de estos es el democrático, el cual, en esencia, compromete a los gobernantes a gobernar con el consentimiento de los gobernados. El segundo es el liberal, el cual no se refiere a un modelo económico, sino, como nos recuerda Francis Fukuyama, a la existencia de un sistema legal que protege el derecho universal del ser humano a la libertad, incluyendo, entre otras, la libertad de disentir. Esto, por lo tanto, quiere decir que los proyectos políticos que respetan estos dos pilares, pero disienten con respecto al modelo económico residen legítimamente en el interior del mismo contrato social.

Durante la Guerra Fría, sin embargo, esta dinámica operaba de manera contraria: el modelo económico era la base del contrato social y, en su defensa, se toleraban abusos a los valores democráticos y a las libertades. Sobre esta premisa, se tachó de terrorista a quien disintiera con respecto al modelo económico dominante en cada orilla. Y este mismo libreto se usó, en el contexto colombiano, para acordar, entre la derecha y la centroderecha, la expulsión de la izquierda del contrato social, lo cual, como es bien sabido, resultó en una sangrienta guerra civil. De modo que se trata de un error que no se puede volver a cometer.

Sin embargo, es exactamente hacia la exclusión de la izquierda del contrato social que anda encaminada la derecha colombiana. A esto le apunta, por ejemplo, el comentario del exsenador Uribe, a través del cual pretende presentarse como el protector de valores democráticos como la paz (¡hágame el favor!) y la política social, acusando, al mismo tiempo, a sus opositores de representar lo contrario.

La Guerra Fría ya se acabó, así el uribismo lo haya olvidado. Y este desenlace representó la victoria, no de la derecha sobre la izquierda, sino de las democracias liberales. De manera que izquierda ya no significa comunismo, así como derecha ya no significa, necesariamente, fascismo. Sin embargo, la derecha sigue insistiendo en vender a la izquierda como opositora de los valores democráticos citando ejemplos como Cuba y Venezuela, al tiempo que prefiere no acordarse de casos como Rusia, Turquía y Filipinas.

En otras palabras, los opositores de los valores democráticos residen en ambas orillas. Por lo tanto, el desacuerdo entre izquierda y derecha no tiene nada que ver con la defensa o censura de la democracia. Pero, al ofuscarlo, la derecha pretende restituir una dinámica de Guerra Fría en la cual el modelo económico funciona como columna vertebral del contrato social, resultando en la agrupación de los disidentes del neoliberalismo junto con opositores de las democracias y de las libertades. Es necesario, al contrario, proteger la legitimidad y resaltar las diferencias de los proyectos políticos que coinciden en la defensa de las democracias y las libertades, pero difieren con respecto al modelo económico. De lo contrario estaríamos cometiendo errores que ya suficiente sangre han derramado.

Santiago Vargas Acebedo
Twitter: @vargas_acebedo
santiago.vargas.acebedo@gmail.com

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