Turno para la negociación en Venezuela

Turno para la negociación en Venezuela

Ojalá Colombia vea en la actual coyuntura una oportunidad para enderezar el rumbo de su liderazgo.

27 de mayo 2019 , 07:00 p.m.

El cerco diplomático solo no logró sacar a Maduro del poder. El intento de aislar, presionar y luego expulsar a Maduro, y de apoyar un gobierno transitorio liderado por Guaidó, fracasó y ya no hay mucho que se pueda hacer al respecto.

El éxito de la estrategia impulsada por Estados Unidos y Colombia dependía de que la amenaza del uso de la fuerza fuera creíble y terminó no siéndolo. Maduro tentó –primero resistiendo la entrada de ayuda humanitaria a través de la frontera y luego finiquitando el fallido golpe de Estado que tuvo lugar al iniciar este mes– a Estados Unidos y a Colombia. Los incitó a que respaldaran con hechos sus amenazas verbales y descubrió que no estaban dispuestos a intervenir militarmente, directa o indirectamente.

Ese es el riesgo que se corre cuando se usa la disuasión como herramienta diplomática: en cualquier momento se hace necesario destapar las cartas, y allí el oponente inevitablemente se da cuenta de que se estaba apostando muy por encima del valor del juego que se tenía en la mano. Y hasta ahí llega la capacidad de ejercer influencia a través de la amenaza.

Pese a todos los pronósticos en contra, sin embargo, el régimen de Maduro está hoy mucho más debilitado que en los procesos de negociación previos y eso puede obligarlo a tomar en serio los diálogos.

Por eso se dejaron de oír las declaraciones altisonantes de la diplomacia estadounidense y la colombiana. La posición que asumieron frente a la crisis venezolana ya no tiene más cabida y el turno ahora es para el Grupo Internacional de Contacto, con jugadores muy distintos: Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Portugal, España, Suecia, el Reino Unido, Bolivia, Costa Rica, Ecuador y Uruguay. Con Noruega actuando como anfitrión y facilitador de las conversaciones, ahora el compromiso de la comunidad internacional es con una solución pacífica, política y democrática a través de elecciones libres y justas.

El sábado que acaba de pasar, Maduro y Guaidó confirmaron que enviarán cada uno a su delegación a Oslo para continuar conversando. El escepticismo no es poco, porque el Gobierno venezolano ha incumplido con lo pactado en los procesos de negociación anteriores y, por tanto, el nivel de desconfianza es altísimo. El liderazgo de Guaidó está sufriendo los embates normales: prometió un fin rápido a “la usurpación” con ayuda de la comunidad internacional y hoy está sentado negociando.

Pese a todos los pronósticos en contra, sin embargo, el régimen de Maduro está hoy mucho más debilitado que en los procesos de negociación previos y eso puede obligarlo a tomar en serio los diálogos. Es posible que el cerco diplomático en conjunto con las sanciones sí haya servido para ablandarlo y ello se traduzca en una posición sensata y en una mayor voluntad de cumplimiento.

Adicionalmente, los representantes de la comunidad internacional se juegan su reputación y no van a permitir que el oficialismo los tome del pelo con tanta facilidad. No esta vez. La capacidad que tengan de contribuir a gestar posiciones conjuntas y de ayudar a salir a Venezuela de la crisis depende también de que puedan aumentar su músculo diplomático.

En ese sentido, las declaraciones del Gobierno estadounidense no ayudan. El Departamento de Estado dijo que la negociación y la convocatoria a elecciones ya fracasaron en el pasado, y que lo único que hay que negociar con Maduro son las condiciones de su partida. Otra versión de la diplomacia infantil de Trump: o se hace como yo digo, o no se hace.

Ojalá Colombia vea en la actual coyuntura una oportunidad para enderezar el rumbo de su liderazgo y cambie su estrategia y la del Grupo de Lima frente a Venezuela. El cerco diplomático que lideraron pudo haber contribuido a debilitar parcialmente al régimen y, por eso, es el momento de transitar hacia una estrategia complementaria pero distinta: brindarles apoyo a los intentos de negociación que buscan sacar al vecino país de su crisis.

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