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Por caminos separados

Por caminos separados

Ojalá no tuviéramos que esperar a que termine el cuatrienio para reconstruir la relación con EE.UU.

06 de diciembre 2021 , 08:00 p. m.

"Después del acuerdo de paz de 2016 con el Gobierno colombiano, las Farc se disolvieron formalmente y se desarmaron. Ya no existen como una organización unificada terrorista o que lleva a cabo actividades terroristas, o que tiene la capacidad o la intención de hacerlo". Así explicó el secretario de Estado Antony Blinken la decisión de su gobierno de revocar la designación de las Farc como una organización terrorista internacional.

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Para muchos colombianos sometidos todos los días a las declaraciones de quienes se opusieron y se siguen oponiendo al proceso de paz, este anuncio puede provocar algo de disonancia cognitiva. Al final, el mantra de la derecha es omnipresente: "El proceso de paz fue un fracaso", "estamos peor ahora que antes", "les entregaron el país a las guerrillas", etc. Pero el reconocimiento de Washington, que muchos en Colombia se niegan a hacer para seguir extrayendo réditos electorales a punta de negación, es de fundamental importancia.

Lo que sigue, para el Gobierno estadounidense, es el fortalecimiento de lo que se ha logrado hasta el momento. Según Indepaz, el número total de víctimas al año ha caído de 540.000 en 2008 a 280.000 en 2014 y a menos de 100.000 en el 2020. Los homicidios de persona protegida propios del conflicto armado han caído a menos de 1.000 personas al año desde 2016 y en los últimos años, a menos de 600. Un espaldarazo al proceso de paz por parte de Estados Unidos puede ser el empujón que necesite el Estado colombiano para proteger a los líderes y lideresas sociales y a los excombatientes que siguen siendo asesinados.

La declaración del Departamento de Estado entiende bien esa lógica: este reconocimiento "facilitará la habilidad de Estados Unidos de apoyar mejor la implementación del acuerdo del 2016, incluso a través del trabajo con los combatientes desmovilizados". Es decir, por enésima vez el gobierno Biden envía el mensaje de que su prioridad y su apuesta en la relación con Colombia son la implementación y el éxito del acuerdo de paz.

El reconocimiento de Washington, que muchos en Colombia se niegan a hacer para seguir extrayendo réditos electorales a punta de negación, es de fundamental importancia.

No faltó el republicano que le saltara a la yugular al Gobierno por esta decisión. Algunos incluso sugirieron que este paso generaría incentivos perversos para el narcotráfico, aun cuando Blinken enfatizó que el retiro de la lista no equivalía a cambio alguno en los cargos por narcotráfico que tienen antiguos líderes de las Farc en Estados Unidos y que tampoco tendría ningún impacto en las decisiones que tome la Jurisdicción Especial para la Paz.

Los dos gobiernos siguen por caminos cada vez más separados. Para colmo, se puso a circular en medios un rumor según el cual Biden haría una visita oficial a Colombia antes de fin de año, y poco después fue completamente desmentido. El Gobierno colombiano sigue sin dar pie con bola en la dimensión más importante de nuestra política exterior.

Ojalá no tuviéramos que esperar a que termine este cuatrienio para reconstruir nuestra relación con Estados Unidos. Si la intención de mejorar los vínculos con ese país por parte de la administración Duque es genuina, ya se sabe que la solución es muy fácil: meterse de cabeza y sin ambages en el cumplimiento de los compromisos adquiridos por el Estado colombiano en la mesa de La Habana.

El Gobierno ha tratado de múltiples formas de enmendar el error cometido por su partido al haberse involucrado en el proceso electoral estadounidense. Nuestro embajador en Estados Unidos trabaja incansablemente para lograr encuentros y oportunidades fotográficas, pero los logros han sido magros porque siguen haciendo esfuerzos en el ámbito de la forma e ignorando la solución real y de fondo.

Duque tiene menos de un año para cambiar el rumbo y así lograr algo de normalización en la relación binacional. O, al contrario, su gobierno puede seguir manteniendo un doble discurso que ya no convence ni aquí, ni allá...

SANDRA BORDA GUZMÁN

(Lea todas las columnas de Sandra Borda Guzmán en EL TIEMPO, aquí)

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