Los estudiantes

Los estudiantes

El activismo de ustedes es serio, claro, pacífico pero contundente, transparente y necesario.

30 de septiembre 2019 , 07:08 p.m.

En nada es más notorio el déficit de capital social en Colombia que en las reacciones a la protesta social. El capital social, para tenerlo claro, es un concepto que permite medir la colaboración social que existe entre grupos y cómo dicha colaboración permite que prosperen el afecto, la confianza mutua, entre otras cosas. Se trata, en síntesis, de la capacidad que tienen las sociedades de generar solidaridad y formas de trabajo conjunto.

Si uno examina con cuidado las reacciones de la semana pasada a la protesta de los estudiantes universitarios, rápidamente llegaría a la conclusión de que la solidaridad y el trabajo conjunto son sustituidos por lecturas individualistas y que tienden a ver a quienes protestan como un grupo social ajeno, lejano. Entonces, para no sonar inconstitucionales, algunos les piden a los estudiantes que protesten, pero en los andenes y sin bloquear el tráfico; otros les piden que mejor protesten en semana de receso. La idea detrás de estas solicitudes no podría contraponerse más a la construcción de capital social: ‘No me interesa tu causa, protesta si quieres, pero sin fastidiarme’.

Lo difícil de entender aquí es cómo un bien social de la importancia de la educación no logra producir acción conjunta. La lógica simple indicaría que es en el interés de la sociedad como todos podamos acceder a la educación: mientras más educados, más productivos y más críticos; mientras más educados, más posibilidades tenemos de construir un mejor vivir –material y espiritual–.

‘Continúen fastidiando’. Solo
así es posible transformar la educación en un país en donde la principal preocupación de muchos es mantener sus lugares
de privilegio imperturbables

Pero, no. Y por eso, el fastidio es necesario para sacar a la gente de ese lugar de gran comodidad y privilegio que es la apatía. Porque es justamente el privilegio lo que no les permite entender a muchos la rabia infinita que produce que se roben la plata de la educación pública en este país. Para quienes tienen en el sistema de educación pública su única oportunidad, el daño es de proporciones descomunales. Para quienes pagan la costosísima educación privada con dinero de bolsillo, el problema a duras penas existe.

Por eso, la solidaridad de los estudiantes de la universidad privada con los estudiantes de la universidad pública debe incentivarse y no reprimirse. Porque nos están dando una lección sobre la importancia de ‘ponerse en los zapatos del otro’ y de construir capital social que nuestra generación y las generaciones pasadas nunca pudieron entender.

Mi mensaje para los estudiantes es: “Continúen fastidiando”. Porque solo así es posible transformar la educación en un país en donde la principal preocupación de muchos es mantener sus lugares de privilegio imperturbables. Sáquenlos de esa burbuja y pónganlos a pensar, o sáquenlos de esa burbuja y expongan su falta de solidaridad. Porque todavía es posible lograr que la educación deje de ser ese factor productor y profundizador de desigualdad económica y social que es hoy en día, para constituirse en un lugar de encuentro que nos permita superar esas diferencias.

Y sigan combatiendo la violencia con la que muchos quieren desvirtuar su mensaje.
Porque los enemigos del cambio también suelen pelear por lo bajo, por debajo de la mesa. El activismo de ustedes es serio, claro, pacífico pero contundente, transparente y necesario. Que de la universidad salgan no solamente con grandes cantidades de conocimiento a su haber, listos para adquirir poder y dinero, sino también con una conciencia clara de su responsabilidad con el cambio social de este país.

Una profesora universitaria como yo no puede estar más orgullosa de ver en esta generación a un grupo de personas que decidieron no permitir que les sigan violentando más su derecho a la educación, y que no compraron el activismo fácil de las redes y los hashtags. Atrás, ni para coger impulso.

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