Hong Kong y Cachemira

Hong Kong y Cachemira

Por su condición, les es difícil convocar comunidad internacional para que interceda en su defensa.

19 de agosto 2019 , 10:12 p.m.

Desde la semana pasada, el Gobierno chino instaló en Shenzhen, a la vista de Hong Kong, personal y equipo de la Policía Armada del Pueblo con un objetivo claro: enviar el mensaje de que el uso de la fuerza no está descartado como opción para responder las protestas. Esta policía (a diferencia del Ejército de Liberación del Pueblo, que protagonizó la masacre en Tiananmén y cuya misión es la defensa frente a amenazas externas) es la encargada de mantener la seguridad interna china, de responder a ataques terroristas, protestas y rebeliones.

Hace más de dos semanas, India decidió revocar un privilegio que había durado cerca de siete décadas y reconocía, a nivel constitucional, la autonomía parcial de la región de Cachemira. El partido en el poder había dicho en varias ocasiones durante las elecciones que no gustaba del artículo 370, y acabó con él. Cortaron líneas telefónicas e internet, prohibieron manifestaciones y mandaron tropas.

Ambos lugares se encuentran intentando defender su autonomía, Cachemira con mucho menos éxito que Hong Kong. Pero ambas historias sugieren cómo este tipo de unidades políticas, con menos capacidad de autodeterminación que un Estado formalmente constituido pero con más estatus que una provincia cualquiera de China, de Pakistán o de India, son muy vulnerables.

En el caso de Hong Kong, Gran Bretaña y China acordaron el esquema de ‘un país, dos sistemas’ y el otorgamiento del estatus de Región Administrativa Especial. Bajo este raro diseño institucional, Hong Kong regresó a control de China en 1997, después de haber sido colonia inglesa. Sin embargo, su gobierno y su sistema económico son separados de los chinos, y por eso, a la vista de cualquier visitante, la ciudad tiene todas las características de una urbe occidental capitalista. De hecho, es uno de los centros financieros y comerciales más importantes del mundo.

Cachemira, por su parte, ha sido una zona de disputa entre Pakistán e India prácticamente desde antes de su independencia de Gran Bretaña, en 1947. Hoy en día, hay una parte de esta región que es reconocida internacionalmente como administrada por India y otra, por Pakistán. Pero ambos países reclaman control del área en su totalidad.

Esta suerte de arreglos incompletos, de limbos legales en donde tanto Cachemira como Hong Kong se constituyen en entidades políticas sui géneris en el mundo de hoy, un mundo compuesto predominantemente por Estados soberanos que ejercen la autodeterminación, ha hecho de ambos lugares espacios de disputa cada vez más intensos e inseguros.

Y justamente por causa de la incertidumbre sobre su condición (que es mayor en el caso de Cachemira que en el de Hong Kong), les resulta difícil convocar a la comunidad internacional para que interceda en su defensa. Hong Kong no tiene silla en Naciones Unidas, y mucho menos Cachemira. Si no son Estados legítimamente constituidos, es difícil hablar de violación de su soberanía y acudir al derecho internacional en su defensa. De esta forma, sus poblaciones quedan a merced de los deseos y la fuerza expansionista de sus vecinos y de su propia capacidad de organizarse para defenderse.

Hong Kong vio en un tratado de extradición con China el inicio del fin de un sistema político basado en el respeto a los derechos de sus ciudadanos, y muy a tiempo empezó su ejercicio de resistencia. Las protestas lograron suspender el tratado, pero ahora reclaman más libertades democráticas y más garantías, demandas que ponen en curso de colisión a la ciudadanía de Hong Kong con el Gobierno chino. Cachemira se levantó un día con tropas en sus calles y sin espacio ni capacidad de resistir. Todo mientras la comunidad internacional “sigue los eventos con preocupación” y cruza los dedos para que las tensiones no escalen y, como por arte de magia, todo termine bien.

SANDRA BORDA G.

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