Secciones
Síguenos en:
El regreso de los dinosaurios

El regreso de los dinosaurios

Las instituciones internacionales son normalmente el reflejo de los intereses de los Estados.

06 de julio 2021 , 12:01 a. m.

Cualquier observador desprevenido del acontecer internacional notaría, con cierta facilidad, la frecuencia con la que líderes alrededor del mundo están caminando las sendas del autoritarismo.

Desde Myanmar hasta los avances de China en Hong Kong; desde la toma del capitolio en Estados Unidos y el fortalecimiento de la derecha europea hasta Bukele en El Salvador, Bolsonaro en Brasil y Ortega en Nicaragua, muchos están atreviéndose a entrar en las turbias aguas del despotismo antidemocrático. Los autócratas, lo probó Trump, ya no tienen denominación de origen: ahora pululan tanto en el Norte como en el Sur Global.

Este fenómeno puede ser explicado de diversas formas y, tristemente, las razones se retroalimentan y refuerzan entre sí. Para empezar, la desilusión de los ciudadanos alrededor del mundo con el funcionamiento de la democracia es terreno fértil para los dogmatismos y los personalismos. Hacer política arremetiendo contra las instituciones y contra el Estado de derecho hoy en día paga y paga muy bien. Es la forma más fácil y eficiente de ganar elecciones y de llegar al poder con un cheque en blanco bajo el brazo para gobernar.

Pero, además, aquellos países que se habían constituido no solo en poderes hegemónicos, sino también en líderes globales, perdieron su autoridad moral y ya no pueden cobrarle cuentas al autoritarismo que se gesta fuera de sus fronteras. Al final, ¿con qué cara sale Estados Unidos a convertirse en adalid y defensor de la democracia después de Trump? Biden hizo énfasis en su primera gira internacional en la necesidad de rescatar la democracia de la crisis en la que se encuentra, en parte porque entiende que un mundo plagado de autoritarismos es más inestable e inseguro. Pero la cosa no va a resultar fácil cuando en el interior de sus fronteras hay una tendencia a limitar la democracia electoral poniéndoles talanqueras a los votantes e introduciéndole triquiñuelas al sistema de conteo.

Los ciudadanos nunca estuvimos más solos y vulnerables frente al poder y la fuerza de nuestros Estados, frente a la arrogancia y el abuso de los dinosaurios que los manejan

Lo que queda, entonces, son las organizaciones internacionales y en este campo las noticias, consecuentemente, tampoco son buenas. Las instituciones internacionales son normalmente el reflejo de los intereses de los Estados miembros y aunque pueden desarrollar principios y procedimientos propios, pierden terreno y fuerza en su defensa cuando los Estados les quitan impulso. Por esta razón, su capacidad de cobrarles a los gobiernos su mal comportamiento ha disminuido notablemente.

En consecuencia, los Estados alrededor del mundo ya entendieron que los costos por su comportamiento autoritario se han reducido. Si a esto se suma que las nuevas potencias están poco interesadas en contribuir con la consolidación de las democracias y con la defensa de los derechos (la fortaleza de China y Rusia no está dada precisamente en ese campo), el resultado es que el espacio de maniobra para el autoritarismo se está ampliando. Por esta razón, gobiernos como el colombiano han incurrido en abuso policial y violación de los derechos humanos sin pagar un costo alto en materia de reputación internacional. Al final, la represión y el uso excesivo de la fuerza en contra de la movilización social ya se convirtió en pan de todos los días en el escenario internacional y pocos parecen interesados en convertir la indignación en castigo.

Entonces, a pesar de que queda la comunidad internacional de defensores de derechos humanos y una que otra organización internacional con pocos dientes, los ciudadanos nunca estuvimos más solos y vulnerables frente al poder y la fuerza de nuestros Estados, frente a la arrogancia y el abuso de los dinosaurios que los manejan. En esa medida, y aunque resulte poco atractivo y algo aburrido para algunos, lo único que nos puede proteger es elegir políticos cuyo compromiso con la democracia, con las instituciones y el Estado de derecho sea creíble.

SANDRA BORDA G.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.