El centro

Demuestra que sí hay espacio en el centro político para construir agenda y para tener posiciones.

21 de diciembre 2020 , 09:45 p. m.

Leyendo el libro de Barack Obama, me llama la atención su capacidad de articular posiciones políticas que yacen entre la propuesta de izquierda de su propio partido y la de los republicanos. Por ejemplo, en lo racial, logra construir una aproximación que toma distancia del discurso a ratos antiinstitucional de algunos sectores progresistas y la posición contraria a cualquier tipo de reforma de la derecha.

Uno puede estar de acuerdo o en desacuerdo con las posiciones políticas que Obama adopta y describe con precisión, pero difícilmente puede calificarlo de tibio. Al contrario, la claridad con que define el lugar en donde se para políticamente es admirable. Lo que demuestra que sí hay espacio en el centro político para construir agenda y para tener posiciones. Pero en Colombia estamos aún muy lejos de conseguir ese propósito por razones que explico a continuación.

Para empezar, nuestro centro ha tendido a asociar el tener posiciones concretas con extremismo. Siente que la contundencia y la vehemencia, el trazo claro y la exposición definida de aquellas propuestas en las que cree y que está dispuesto a defender son un sinónimo de fundamentalismo. Es como si pensaran que la esencia misma del centro es no estar en un lugar ni en el otro, sino flotar eternamente en un limbo de indecisión.

Creo que han comprado muy acríticamente la idea de que por ser de centro, sus posiciones son más sofisticadas que las de la izquierda y la derecha y, por tanto, más difíciles de transmitir. Y no son lo uno ni lo otro. Lo que hay es una dificultad a la hora de bajarse del pedestal académico e intentar hacer política electoral, sienten que se ensucian las manos y prefieren la asepsia.

Su lenguaje político ha sido el de la ambigüedad y han sustituido la adopción de posiciones por un discurso que hace demasiado énfasis en la forma y no en el contenido: dicen representar una manera nueva de hacer política, la de la no agresión y la no transacción, la de los principios y la ética. Lo que a ratos parece un intento desesperado y arrogante por constituirse en oráculos morales no sería tan problemático si estuviese acompañado de apuestas políticas claras en todos los frentes.

Otro problema tiene que ver con que han estado tratando de presentarse como
un movimiento que guarda una imposible equidistancia frente a la izquierda y a la derecha

El otro problema tiene que ver con que han estado tratando de presentarse como un movimiento que guarda una imposible equidistancia frente a la izquierda y a la derecha. El centro, en todos los temas, no se puede parar siempre en el medio. Esa es una fórmula fácil y perezosa. Por ejemplo, es posible que, programáticamente, en la preservación del Estado de derecho y de garantías a los derechos ciudadanos se tenga que alejar más de la derecha, y en lo relacionado con temas de seguridad se le tenga que acercar más.

Tampoco ayuda ese impulso a convertirse en una alternativa apolítica que no le juega a lo de siempre. Han insistido tanto en esa premisa que a veces parecen estar huyéndole a involucrarse en el juego de debatir posiciones y de contradecir y ser críticos con aquellos que se encuentran en otras esquinas. Frente a los desatinos del Gobierno, el silencio es ensordecedor. Frente a Petro, hay distanciamiento y ataques personales de ida y vuelta, pero poca conversación de fondo.

Es preciso iniciar una discusión política seria, profunda y a la vez pragmática, sobre el contenido de la agenda del centro, de sus posiciones, pero también sobre la viabilidad electoral de su propuesta y, sobre todo, de su liderazgo. Si se insiste en concebir el centro como se hizo en las elecciones presidenciales pasadas, el resultado va a ser el mismo. Se requiere un discurso movilizador, un mensaje claro y contundente, de figuras inspiradoras, renovadas, atrevidas, que estén en condiciones de recoger el espíritu de quienes protestaron el año pasado masivamente, y que estén dispuestas a dejar la piel en la contienda.

SANDRA BORDA GUZMÁN

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