Duque desconectado

Duque desconectado

El Gobierno sigue gastando, ostentando y aparentando lo que no es para acallar el qué dirán.

24 de junio 2019 , 11:04 p.m.

El viernes ya tenía listo el borrador de esta columna. Iba a ser una explicación de las razones por las cuales seguir objetando los viajes internacionales de los mandatarios colombianos por ser demasiados es un argumento fácil y que no le hace ningún favor a la política exterior de este país. Pero asesinaron a María del Pilar Hurtado ese mismo día, y todos vimos a su hijo llorando y gritando de desesperación frente a su cadáver. Todos vimos el grupo de personas a su alrededor que miraban atónitas el cuerpo sin vida y no se atrevían a acercarse al niño, que se retorcía de dolor.

Lo peor, sin embargo, fue ver al Presidente tuiteando desde un foro sobre publicidad en Cannes, hablando de creatividad, tecnología y de (adivinen qué) economía naranja. Tarde anunció la consabida investigación y manifestó sus condolencias. La Vicepresidenta informó que iba a averiguar si había amenazas (¡!), y, entre un lugar común y el otro, el Gobierno lució más desconectado que nunca de la realidad y el dolor de Colombia.

Mi argumento aquí no es que tengamos que encerrar al Presidente y no volver a dejarlo salir. También se puede dejar de hacer mucho estando en el territorio nacional, y eso ya ha sido demostrado con creces. Lo que creo que sucede es que este gobierno está adoleciendo de un trastorno de doble personalidad, tipo Dr. Jekyll y Mr. Hyde, en el cual el discurso y la actitud internacional del Gobierno poco o nada tienen que ver con lo que está sucediendo en la nación.

Una persona que hubiese estado en ese auditorio de Cannes en donde hablaba Duque –una charla que se anunció sería dada por “un político al que no le gusta hablar de política sino de creatividad”– jamás hubiese creído que el video del hijo de María del Pilar Hurtado sucede en el mismo país. Y mucho menos, que es uno que preside alguien que no quiere hablar de política. Es muy probable que esa persona llegara a la conclusión a la que estamos llegando todos: Duque está haciendo política exterior para un Estado imaginario, uno que solo está en su cabeza y en la de sus funcionarios.

El argumento tampoco es que un país convulsionado como el nuestro deba retrotraerse de lo internacional. Al contrario, el llamado es a que la política exterior se constituya en un mecanismo que contribuya a resolver nuestras dolencias internas y no a ocultarlas o negarlas.

Pero eso no se puede lograr si al salir del país, el Presidente cambia de personalidad como cambia de ropa y decide no solo hablar de temas totalmente lejanos, sino que, además, se presenta como un gran defensor de la paz, cuando todos estamos viendo en primera fila lo poco que está haciendo para que no volvamos a caer en la espiral de violencia de la que ya parecíamos estar saliendo.

Se trata de una conducta internacional vergonzante, hipócrita y contraproducente. El Gobierno está haciendo lo mismo que el vecino que quebró; para que todos piensen que no ha pasado nada: sigue gastando, ostentando y aparentando lo que no es para acallar el qué dirán. Y, en el acto de mostrarse como lo que no es, solo está contribuyendo a profundizar su propia crisis.

Creo que el Gobierno no ha entendido dos cosas: una, que cuando la casa se incendia por dentro, la política exterior debe diseñarse en función de la necesidad de conseguir ayuda para controlar y apagar el fuego. Mientras la casa se incendia, uno no se puede ir a la casa de los vecinos a hablar de las bondades de la creatividad como si no pasara nada. Y la segunda, que si su compromiso con la consolidación de la paz y la preservación de la vida de desmovilizados y líderes sociales es débil, un país otra vez sumido en la violencia no sería territorio propicio para poner a funcionar su dichosa economía naranja. La economía naranja es un lujo del posconflicto, señor Presidente.

SANDRA BORDA G.

Sal de la rutina

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