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Desde Israel

Desde Israel

Tal vez tras varios intentos de negociación y décadas de conflicto haya fatiga con los diálogos.

02 de agosto 2021 , 08:55 p. m.

Escribo esta columna en Israel. Estoy aquí gracias a la invitación de un grupo de académicos judío-estadounidense. La visita me llevó a lo largo y ancho del territorio: desde los Altos del Golán hasta Jerusalén y desde Tel Aviv hasta Ramala (estuve en esta última ciudad gracias a la invitación de una gran amiga palestina de mi época de estudiante). Hice parte de conversaciones con judíos seculares y ortodoxos, con colonos, con palestinos seculares y musulmanes, con ciudadanos y residentes, drusos, libaneses, funcionarios de gobierno, sociedad civil y militares.

Si antes de esta visita –y gracias a la lectura académica y de medios– ya tenía preguntas y pocas certezas, ese lugar de incertidumbre solo se acentuó y agrandó. El nivel de complejidad del conflicto en este lugar del mundo es tal que es posible que hoy entienda un poco más y, por tanto, pueda juzgar menos.

Pero me llevo una conclusión de todo lo que he visto y oído: no hay un lugar del mundo que haya tenido que sufrir más y peores consecuencias del reciente surgimiento y consolidación global de la derecha populista que este. Gracias a este fenómeno, la paz es más elusiva y menos probable. Al punto de que ya el tema ni siquiera hace parte de la agenda electoral en Israel: poner el asunto de la resolución pacífica de este conflicto sobre la mesa implica un costo electoral grande.

Hay una cifra que me pareció elocuente. Según encuestas recientes, en Israel el 34 % de los ciudadanos están de acuerdo con la solución de los dos Estados, 14 % está de acuerdo con la solución de un solo Estado y 41,5 % está a favor de mantener el statu quo. Es decir, no hay interés en una reanudación formal de las negociaciones.
Por supuesto, las explicaciones son de diversa naturaleza. Como en la Colombia de las épocas de la administración Uribe, es posible que la gente sienta que el Estado de Israel tiene una superioridad militar clara y que, por tanto, no es indispensable negociar. Esto a pesar de los constantes ataques contra sus ciudades principales.

Defender las instituciones y el Estado de derecho en un contexto en donde los extremos son tan fuertes se convierte en un problema y para algunos, en un acto de debilidad y falta de contundencia

También es posible que tras varios intentos de negociación y tras décadas de conflicto haya fatiga con los diálogos.

Pero lo que sí es claro es que la llegada de Netanyahu al poder y su feliz alianza con el gobierno de Donald Trump personifican esta tendencia de la opinión, la estimulan y la promueven. Y cuanto más se mueve Israel hacia la derecha, más se debilitan las opciones moderadas no solo en ese país, sino también en Palestina. En parte por eso, el presidente palestino, Abás, tuvo que suspender elecciones presidenciales y parlamentarias: Hamás podría haber ganado, y ello sería un problema tanto para los mismos palestinos y su proceso de consolidación de su Estado democrático como para la seguridad de los israelitas.

Defender las instituciones y el Estado de derecho en un contexto en donde los extremos son tan fuertes se convierte en un problema y para algunos, en un acto de debilidad y falta de contundencia. Este escenario les deja la puerta abierta a las soluciones de hecho: al establecimiento ilegal y agresivo de asentamientos, a las respuestas a punta de cohetes y en contra de la población civil, a un cuerpo de seguridad cada vez menos obligado a respetar los derechos a la protesta y menos preocupado por preservar los derechos humanos.

Paradójicamente, por primera vez en Israel, un partido árabe islámico hace parte de la coalición gubernamental. La debacle de los recientes intentos de formar un gobierno le ha abierto un espacio político pequeño a ese grupo. Sin embargo, gracias al proceso de derechización de la sociedad y la política en este país, es posible que ello signifique muy poco.

Ah, y un detalle adicional: aquí también están muy preocupados por reconstruir el consenso bipartidista en Washington...

SANDRA BORDA GUZMÁN​

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