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¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué?

Haber participado en campaña que buscaba enlodar a Biden como "castrochavista" no se olvidará fácil.

09 de noviembre 2020 , 09:25 p. m.

Joe Biden, candidato del Partido Demócrata, ganó las elecciones a la presidencia en Estados Unidos. Ya no hay duda. Después de la apuesta que miembros del Gobierno colombiano y del partido de gobierno hicieron en favor de la candidatura de Donald Trump, ha empezado el reacomodamiento necesario para tratar de reducir los costos de una estrategia que a todas luces fue excesiva e innecesariamente arriesgada e irresponsable.

Como ha sucedido en otras ocasiones y alrededor de otros temas, lo que hemos venido viendo desde que se anunciaron los resultados electorales es un acallamiento de las voces que defendieron con más vehemencia la candidatura de Trump y, ahora sí, un mayor protagonismo del ala moderada de la coalición de gobierno. En este tema, como en el de la paz, el Gobierno y sus aliados tienen discursos disponibles para varias audiencias e interlocutores.

El presidente Duque y su embajador en Washington, Francisco Santos, fueron los primeros en reconocer y celebrar en Twitter el triunfo de Biden y en retornar al argumento de la necesidad de trabajar por el consenso bipartidista en Washington. El mismo embajador Santos, en una entrevista ayer en este diario, dijo que nunca se ha separado de esa intención.

Este esfuerzo por reacomodarse cuenta con un factor a su favor: Biden y quienes lo rodean (a diferencia de Trump) no son unos recién llegados al tema de Colombia. Entienden las complejidades de la agenda bilateral y no van a llegar a tomar decisiones revanchistas ligeras.

Si el gobierno Duque quiere enviar una señal contundente de que su posición ha cambiado y quiere reanudar su trabajo bipartidista en Washington, no podrá hacerlo a través de su embajador.

Pero el Gobierno colombiano puede irse olvidando de las prácticas y el modus operandi del pasado. El nuevo gobierno estadounidense no tramitará con tanta facilidad y desatino tuits del presidente y el vicepresidente en favor de Álvaro Uribe a cambio de apoyos políticos efímeros. El entendimiento de aquí en adelante tendrá lugar por los canales diplomáticos y pensando en los temas cruciales, no en las ganancias electorales de corto plazo. El Gobierno y el Centro Democrático no podrán seguir usando la relación con el Gobierno en Washington para mejorar su débil posición política interna.

Gracias, también, a que la diplomacia demócrata es altamente institucionalizada y profesional, no habrá una cuenta de cobro rápida ni súbita. Pero ello no quiere decir que Biden y su equipo vayan a olvidar con facilidad a aquellos que estuvieron involucrados en la campaña sucia que se libró en su contra en la Florida. Participar en una campaña que buscaba enlodarlo como “castrochavista” no va a pasar al olvido de un día para otro y tarde o temprano tendrá consecuencias.

La bancada demócrata en el Congreso tampoco va a pasar por alto la apuesta de Uribe y su partido por candidatos del Partido Republicano. Allí las cosas serán más difíciles y el costo será probablemente más alto, gracias al poder que tiene el Congreso en materia de asignaciones presupuestales. En el pasado, los demócratas en el Congreso le han cobrado duro al Gobierno colombiano su alineación con los republicanos.

Mientras que al Gobierno colombiano puede bastarle por un rato con sacar sus cartas y sus socios moderados con un discurso amistoso con el nuevo gobierno en EE. UU., hay otros reacomodamientos que van a ser menos creíbles y, por tanto, menos sostenibles. Ese es el caso particular del embajador Santos, quien hizo y lideró una apuesta clara en favor de la reelección de Trump y salió perdedor.

Si el gobierno Duque quiere enviar una señal contundente de que su posición ha cambiado y quiere reanudar su trabajo bipartidista en Washington, no podrá hacerlo a través de su embajador. Por mucho que él cambie su posición frente a los resultados electorales, dicho cambio ya no es creíble y su permanencia puede ser nociva para la relación bilateral de aquí en adelante y para los intereses del país.

Sandra Borda G.

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